Testimonios recopilados y obtenidos en la Web POR MEDIO DE LA METODOLOGÍA DE LA ETNOGRAFÍA VIRTUAL
sábado, 31 de agosto de 2013
sábado, 20 de julio de 2013
LAS HISTORIAS QUE PODEMOS CONTAR
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NUESTRAS HISTORIASDeuda Pendiente José Manuel Ramírez Rosales_ por Beatriz Miranda Oyarzún
Matar un ruiseñor María Cristina López Stewart_ por Martín Faunes Amigo
¿El viejo pascuero existe? Haroldo Cabrera Abarzúa __ por Herman Maldonado
Adiós a Sara Astica Sara Astica Cisternas _ por Manuel Holzapfel
Bárbara y Edwin Bárbara Uribe Tamblay, Edwin Van Jurick Altamirano__ por Viviana Uribe Tamblay
Sarita Astica, la de "Valparaíso mi amor" Sara Astica Cisternas _ por Martín Faunes Amigo
Besos eternos Bárbara Uribe Tamblay__ por Carlos Antonio Vergara Núñez
Tres bellas maestras Rosetta Pallini, Elsa Leuthner y María Elena González _ por Lucrecia Brito
Hércules contra los piratas Carmen Bueno Cifuentes y Jorge Müller Silva _ por Pablo Varas
Un último grito de triunfo y de amor Luis Durán Rivas _ por Lucía Sepúlveda
Alto y sereno Bautista van Shouwen _ por Martín Faunes
Homenaje al amor y al valor Óscar Ramírez González, Martín Elgueta Pinto, Abundio Contreras González y Antonio Cabezas Quijada por Tamara Saavedra
Diana y Paulina vencen la impunidad Diana Aron, Paulina Aguirre por Lucía Sepúlveda
Gracias Juan Juan Bosco Maino Canales por Luis Enrique Araya Castelli
Ceremonia de amor -Perros de cana- Pepe Carrasco, Juan Carlos Gómez por Martín Faunes Amigo
En esto estamos todos por Pablo Varas
Ilusión y Realidad Alonso Lazo Rojas
Mi nombre es Salvador Allende por Martín Faunes Amigo
Semblanza de Marcos Barrantes por Alan Gómez Michea
Amigo ausente Claudio Venegas Lázzaro por Rodrigo Posada Parra
Three cool cats Claudio Contreras Hernández, "Coco" por Martín Faunes Amigo
Aprendí a vivir Claudio Thauby por Yury Thauby
Papá, dónde estás Carlos Rioseco Espinoza por Esteban Rioseco Espinoza
Escribir tiene muchas caras, casi tantas como los recuerdos Carlos Rioseco Espinoza por Esteban Rioseco Espinoza
Tras los pasos de la memoria por Hilda Espinoza Figueroa y Lucrecia Brito Vásquez
Thauby y Tano Claudio Thauby y Ramón Martínez González por Lucrecia Brito Vásquez
El gesto perdido del bello recluta Claudio Thauby por Rosana Ojeda
La primavera del 75 Alonso Lazo Rojas y Federico Álvarez Santibáñez por Ana Marín Molina
Bernardo llevaba puestos unos bototos Bernardo Cortés Castro por Edgardo Carabantes Olivares
La última lección del profesor Federico Álvarez Santibáñez por Ana Marín Molina
Claudia López Benaiges por Kristian M. F.A.D
Víctor Jara en la mañana Claudia López y Víctor Jara Por Óscar Aguilera
Guayacán, donde ejecutaron a niños Rodrigo Palma Moraga y Jimmy Christie Bossy por Arnaldo Pérez Guerra
Coquimbo, donde dinamitaron personas Federico Álvarez, Germán Cuello, Mario Romero y Sonia Valencia por Ana Marín Molina
La maestra de Puerto Fuy Bernarda Vera Contardo por Juan Carlos Díaz
Agosto Federico Álvarez Santibáñez por Ana Marín Molina
Diana Diana Aron por Gilda Waldman M.
Todo este territorio es tu sepulcro Nilton Rosa Da Silva por Óscar Aguilera
Un hombre de acción Marcos Barrantes Alcayaga por Martín Faunes Amigo
Maestranza San Bernardo por Fernando Lizana
El último tren para el colega Barría Arturo Barría Araneda por Nieves Fuenzalida
Maestra por Siempre María del Carmen Arriagada Jerez por Lucrecia Brito Vásquez
Regreso al hogar Lisandro Sandoval, «Layol» por Arinda Ojeda Aravena
Antuco por Odette Magnet
Salvajes y santos inocentes por Martín Faunes Amigo
¡Mala Cueva Militar! por Manuel Paiva
Una golondrina tras la alambrada Carlos Carrasco Matus, «Mauro» por Viviana Sepúlveda Pino
Cecilia y el Caluga Juan Carlos Rodríguez y Cecilia Castro
Homenaje al "Flaco D'Orival" Jorge D'Orival Briceño por Erika
Jaime Ossa en la memoria Jaime Ossa Galdames por Patricia Bravo
Guaripauchito Víctor Oliva Troncoso por Sonia Oliva Troncoso
Mi hermana Catalina Catalina Gallardo por Isabel Gallardo
Interpretación libre de una tragedia Enrique París Roa por Piero Montebruno
Cayó junto a su pueblo André Jarlán por José Aldunate s.j.
Jecar, compañero en el viaje de la vida Jecar Nemhe por Fesal Chain
James y el Camaro Patricio Munita por Flaco Lucho desde Bélgica
¿Negligencia Culposa? por Ignacio Vidaurrázaga Manríquez
Irregulares Viriato, Baucha, Perico, Ángel, Chico Pedro por Ernesto Marcosy
Mujeres de mi generación por Luis Sepúlveda
Bailarina - Arquitecta Ida Vera Almarza por Pablo De Carolis Yori
Futbolistas del Carrera Pinto Isidro Pizarro Meniconi por Oscar Montealegre Iturra
Unicornio II Muriel Dockendorff Navarrete por Iris Padilla
Búsqueda de "Daniela" Muriel Dockendorff Navarrete
Cartas y poemas de Muriel Muriel Dockendorff Navarrete
Támesis Marcelo Eduardo Salinas Eytel por Nicole Drouilly
Las risas y las voces de mi padre Marcelo Concha Bascuñán por María Paz Concha Traverso
Cucho, el "Gato" de Ñuñoa Agustín Reyes González, "Gato" por Lucía Sepúlveda
Amanece por Máximo Gedda
Moreno de verde luna, voz de clavel varonil Hugo Daniel Ríos Videla, "Peque" por Teresa Izquierdo Huneeus
Che Compadre Hugo Ratier Noguera, "Raimundo" por Martín Faunes Amigo
Pablo y Feliciano Raúl Cornejo Campos, "Feliciano", y a Miguel Angel Sandoval, "Pablo" por Flaco Lucho desde Bélgica
El sastre valiente Miguel Angel Sandoval, "Pablo" por Lucía Sepúlveda Ruiz
Discos de vinilo Genaro Flores Durán __por Jorge Flores Durán
Las flores de mi balcón llevan tu nombre Muriel Dockendorff Navarrete __por Pablo Varas
Muriel, dulces, kuchen y tortas Muriel Dockendorff Navarrete __por Patricia Ochoa
Nunca dejarás de estar conmigo Gregorio Mimica __por María Antonieta Blaisse
Recuerdos de 30 años Alberto Bachelet __por Patricio Carbacho
Otro 11 de septiembre Gastón Vidaurrázaga Manríquez __por Ignacio Vidaurrázaga Manríquez
Un estudiante viajero Germán Cuello __por Alexandra
Estadio Nacional y Chacabuco, memoria del silencio __ por Dr. Luis Cifuentes
Una contribución al Movimiento Popular de Concepción Rudy Cárcamo Ruiz __por Eduardo Cruz (Bily)
A la vuelta del calendario: Gente de la UTE Claudio Contreras / Agustín Martínez __por Juan Carlos Díaz
A 31 años del asesinato del General Bachelet Alberto Bachelet __por Raúl Vergara Meneses
Acerca de Jorge Grez Aburto __por Eduardo Agustín Cruz (Bily)
Miguel Cabrera Fernandez "Paine" __ Miguel Cabrera __por Victor M. Gavilan
Federico junto al diamelo Federico Álvarez Santibáñez por Ana Marín Molina
Carlitos y el Coronel __ Oscar Rojas Cuéllar __por Ignacio Vidaurrázaga Manríquez
Gladys, maestra de ética y consecuencia revolucionaria __ Gladys Marín __por Martín Faunes Amigo
Algo más que «Dama Blanca» Padre Miguel Woodward __por María Paz García-Huidobro
Carmencha__ Carmen Bueno __por Loli Bueno
Nilda Patricia__ Patricia Peña Solari __por Juparo
La niña junto al piano__ Patricia Peña Solari __por Claudio
Playground__ Patricia y Fernando Peña Solari __por Paz Concha Traverso
¿Quién asesinó a Jacqueline Drouilly? __por Arturo Alejandro Muñoz
Cátedra de Educación Cívica __por Martín Faunes Amigo
Víspera de año nuevo _Lucrecia Brito Vásquez
Bolsas de pan en el estadio _Manuel Paiva
Las historias que podemos contar _Mario Garcés Durán
Once de septiembre en Indumet _Martín Faunes Amigo
Tres raasss por Ricardo Faunes _Martín Faunes Amigo
La vie en rose en Grimaldi__ María Teresa Eltit / María Teresa Bustillos __por Monique Hermosilla Jordens / Lucrecia Brito Vásquez
De mayo a octubre de 1975__ Iván Olivares Coronel "Chuqui" y Dagoberto Pérez Vargas "Dago" __por Flyman
Ayudista de todas las horas__ Sonia Edwards __por Lucía Sepúlveda
El Miguel, ellos, nosotros y la Carolita__ _Miguel Enríquez __por Adriana Goni
Le juro que fue por amistad__ _Jacqueline Drouilly / Marcelo Salinas __por Guido Eytel
Ángel__ _Horacio Carabantes Olivares __por Edgardo Carabantes Olivares
Hoy confluyen aquí las voces y los sueños __por Daniela Peña Soto
En recuerdo de Paine__ _Miguel Cabrera Fernández-__ por Andrés
Blancas abandonan -Danilo González Mardones-__por Pablo Varas
Amanecerá un día__ _Luis Palominos Rojas-__por Eduardo Palominos Rojas
Una silueta contra la montaña__ _José Manuel Ramírez Rosales-__por Nelly Berenguer Rodríguez
Con todo el tiempo del mundo _J.J.Boncompte, J.Carrasco-__por Pablo Varas
Hombre niño casi alado _Claudio Venegas Lazzaro-__por Margarita Román
El guitarrista que se atrevía a cantar _Horacio Carabantes-__por Martín Faunes Amigo
Martes once en la Universidad _Goyo Mimica- __por Manuel Mardones
El niño invisible _Miguel, Bautista, Ricardo y Ambrosio- __por Manuel Holzapfel Gottschalk
El beso tembloroso _Mónica Llanca Iturra- __por Lucía Sepúlveda Ruiz
Aquí..., Radio Liberación _Fernando Vergara Vargas-__por Lucía Sepúlveda Ruiz
La foto de mi casa -Julio Guerra-__por Luis Alberto Tamayo
Bachilleres en fútbol -Rafael Madrid-__por Jaime Castro Santoro
La imaginación herida -Eugenio Ruiz Tagle-__por Josefa Ruiz-Tagle
Memorias fragmentadas -Padre Llido-__por Claudia Iturrieta
Pepe Amigo, el malo -José Amigo Latorre-__por Narda Salgado
Maletín james bond -Juan Maino Canales-__por María Angélica Illanes Oliva
Revolucionarios profesionales -Matías-__por Juan Schilling Quezada
Detective ángel de las microtabletas fotográficas -Teobaldo Tello Garrido-__por Martín Faunes Amigo
Una mano en el bolsillo trasero -Mauricio Jorquera-__por Manuel Arriagada
Hermosa niña judía -Diana Aron-__por María Paz García-Huidobro
Paine: algo más que sandías-__por Martín Faunes Amigo
Pasajeros en el tren Elquino -Federico Alvarez S.-__por Martín Faunes Amigo
Encuentro el antiguo profesor con el borracho -Jorge Peña Hen-__por Martín Faunes Amigo
El clarin mayor -Jorge Peña Hen-__por Martín Faunes Amigo
Sinfonías en carcajadas -Jorge Peña Hen-__por Lucrecia Brito
Treinta y uno de Julio de 1975 __Poema para los 119__por Juparo
Nilda Patricia __Nilda Patricia Peña Solari__por Juparo
Memorias Fragmentadas __Padre Antonio Llidó Mengual__por Claudia Iturrieta
Si el poeta eres tú __Máximo Gedda, Yactong Juantok Guzmán, Carlos Gajardo Wolf, Mario Calderón Tapia, Ricardo Solar Miranda, Rabito, Cesar, Amador Del Fierro__por Liliana
Justicia Divina __Gabriela Arredondo Andrade__por "M"
Alfredo, vas a ser abuelo __Alfredo García Vega__por Silvia Vera
La niña junto al piano __Patricia Peña Solari__por Claudio
Fue en septiembre__ José René Barrientos Warner __Germán F. Westphal
Kellina__ Jacqueline Binfa Contreras __María Paz García-Huidobro
Al Che y a Miguel en el 2001 __ Miguel Enríquez, Ernesto Che Guevara __Víctor Toro Ramírez
Carta de Bautista a su madre __ Bautista Van Schouwen Vasey __
Página de diario de 1963 __ María Cristina López Stewart __
Otro más del Manuel de Salas __ Luis Guajardo Zamorano __Anónimo
Miguel vivía en una casa con vista a la esperanza __ Miguel Enríquez Espinoza __por José María Memet
Amanece __ Máximo Gedda Ortiz __
Cuando en el sur florecían los cerezos __Marcelo Salinas Eytel__por Guido Eytel
Hermana niña __ Carmen Bueno Cifuentes __por Olimpia Bueno
Historia de un asesinato por fusilamiento__ A la memoria de Pedro Purísimo Barría__por Germán Westphal
El hombre del abrigo amarillento y la mujer que lo amaba__María Cristina López Stewart, Federico Alvarez Santibáñez, Horacio Caravantes Olivares, Jaime Vásquez Sáez, Luis Guajardo Zamorano, Claudio Contreras y Agustín Martínez __por Martín Faunes Amigo
Arrayán__Paulina Aguirre__por Viviana Sepúlveda
Cartas mutiladas__Carmen Bueno__por María Elena Blanco
Bajo el bosque__Héctor Garay Hermosilla__por Diego Muñoz Valenzuela
Triunfador en innumerables aventuras __Sergio Alejandro Riffo Ramos__por Pablo Leiva
Confidenciado entre café y café __Sergio Alejandro Riffo Ramos__por Marisa
Una persona de la raza humana __José Modesto Amigo Latorre__por Hippie
Encuentro del héroe con la traidora __Padre Antonio Llidó Mengual__por Archivero
Mac Leod había sido cadete __Juan Rodrigo Mac Leod Treuer y María Julieta Ramírez Gallegos__por Pablo Leiva
Con Mario somos amigos __Mario Edrulfo Carrasco Díaz __por Lucía Sepúlveda
Recuerda, tu hermano desapareció __Manuel Jesús Villalobos Díaz__por Lucía Sepúlveda
Un asesino anda suelto por Ñuñoa __Eduardo y Rafael Vergara Toledo__Desde Comisión FUNA
Biografía de Miguel Enríquez __Miguel Enríquez Espinoza__por Pedro Naranjo Sandoval
La opción de Augusto Carmona__Augusto Carmona Acevedo __por Lucía Sepúlveda
Un gato de siete vidas__Renato Alejandro Sepúlveda Guajardo __por Queni y Queltec
Confieso que he luchado y alcé los puños iracundo__Ricardo Ruz Zañartu __por P. Ruz
El preso ochocientos quince__Gilberto Urbina Chamorro __por Sonia Cano
La casita de La Faena__Jaime Orellana __por Kenya
Los ojos olvidados del camarógrafo de la "Batalla de Chile"__Carmen Bueno y Jorge Müller Silva __por Gustavo del Campo
En las garras de la Operación Cóndor__Sergio Reyes Navarrete __por Sonia Cano
Ayer cuando me enteré__José Francisco Bordás Paz, "el Coño Molina" __por Rucia
"Sigamos luchando no más..."__Hernán Santos Pérez Alvarez__por Queltec
Ubica a mi compañera cuando salgas en libertad__Pedro Poblete Córdova__por Lucía Sepúlveda
Matemáticas y ajedrez__Vicente Palomino Benítez__por Lucía Sepúlveda
Juez especial después de 27 años__Leopoldo Muñoz Andrade__por Lucía Sepúlveda
¿Dónde estará la Violeta del Grupo de Teatro Acuarium?__Violeta López Díaz__por Lucía Sepúlveda
Morén Brito versus María Teresa Eltit "et ale" __María Teresa Eltit__por Lucía Sepúlveda
El año nuevo '75 de Marisa: Infierno en La Torre__María Isabel Joui __por Lucía Sepúlveda
Aquí no tengo nada que decir__Martín Elgueta Pino__por Lucía Sepúlveda
La mirista hija de una enfermera del Hospital Militar__Jacqueline Binfa Contreras__por Lucía Sepúlveda
Alfredo, vas a ser abuelo__Alfredo García Vega__por Silvia Vera
Cacería de dos hermanos__Jorge D'orival Briceño__por Sonia Cano
El Pelao Krauss__ Víctor Fernando Krauss Iturra __por P. Ruz
Padre, compañero Joan Alsina__ Joan Alsina Hurtos __por María Paz García Huidobro
Volveré, volveré, donde está mi madre esperándome__ César Arturo Negrete Peña __por sus hermanas
Un minero__ Antonio Lagos Rodríguez __por Susana
Nuestro Aníbal__ Agustín Reyes González __por Maria Stella Dabancens Gandara
El estudiante que Alejandra envió "a Puerto Montt"__ Mauricio Jorquera Encina __por Lucía Sepúlveda
Joven profesor detenido cuando iba a ver partido del Mundial__ Agustín Fioraso Chau __por Lucía Sepúlveda
Miguel Angel desaparecido versus Miguel Angel, su "doble" del sur__ Miguel Acuña Castillo y Héctor Garay Hermosilla__por Lucía Sepúlveda
Cacería nocturna__ Ofelio Lazo Lazo __por Lucía Sepúlveda
Desapareció de la U y de Maipú a los 21 años__ Juan Ernesto Ibarra Toledo __por Lucía Sepúlveda
Vietnam y Londres en la vida de un poblador__ Carlos Cubillos Gálvez __por Lucía Sepúlveda
El mirista de Quinta Normal que desapareció un 26 de julio__ Ismael Chávez Lobos __por Lucía Sepúlveda
La Pity Vergara__ Lucía Vergara Valenzuela __por Paty
Homenaje a Pepe Carrasco__ José Carrasco Tapia "Pepone" __por Patricia Collyer
El chico Sebastián, un artesano militante__ Rubén Arroyo Padilla __por Sonia Cano
Pepito milagroso__ José Carrasco Tapia "Pepone" __por Cheña
Verano del 72__ Sergio Peña Díaz __por Raúl de Calama
Váyanse de Santiago__ Lucía Vergara Valenzuela "la Pity" y Arturo Villavela Araujo __por Marisa
El veterinario del MCR__ Sergio Peña Díaz __por Queltec
Secretos de familia__ Alan Bruce Catalán __por Lucía Sepúlveda
Un beso para las tres__ Sergio Peña Díaz __por Ricardo-Eugenio
El Coño Villavela__ Arturo Villavela Araujo __por "M"
Del José Joaquín Aguirre al Hospital de Cunco__ Eduardo González Galeno __por Margarita Romero
El último de los buenos que alcanzó a verlo__ Sergio Pardo Pedemonte __por Aminta Traverso
La DINA contra dos del cordón Vicuña Mackenna__ Cecilia Castro Salvadores y Juan Carlos Rodríguez Araya __por Sonia Cano
Francia exige a justicia chilena aclarar desaparición de Alfonso Chanfreau__ Alfonso Chanfreau Oyarce __por Lucía Sepúlveda
Juan Chacón dijo adiós a su padre en Cuatro Alamos antes de desaparecer__ Juan Rosendo Chacón Olivares __por Lucía Sepúlveda
El arte de ser mirista y trabajar en Investigaciones__ Sonia Bustos Reyes __por Lucía Sepúlveda
La voz de María Angélica__ María Angélica Andreoli Bravo __por Lucía Sepúlveda
Marcados a fuego en la frente, María Inés y Martín__ María Inés Alvarado Borgel y Martín Elgueta Pinto __por Lucía Sepúlveda
Secuestro del albañil de la Población Kennedy__ Eduardo Alarcón Jara __por Lucía Sepúlveda
Kellina, la mirista hija de una enfermera del Hospital Militar__ Jacqueline Binfa Contreras __por Lucía Sepúlveda
Homenaje a la caída en combate de Miguel Enríquez __Miguel Enríquez Espinoza__por Hernán Aguiló
Sitio en homenaje a Jecar Nehgme __Jecar Antonio Nehgme Cristi__por Lucho
Profesionales a fines y contrapuestos __María Cristina López Stewart__por Martín Faunes Amigo
El último día de Miguel __Miguel Enríquez Espinoza__por Manuel Cavieses Donoso
Thamesis __Marcelo Salinas Eytel__por Nicole Drouilly
Muriel, dulces, kuchen y tortas __Muriel Dockendorff Navarrete__por Patricia Ochoa
El que tuvo siempre tiempo para escribir poesía __ Máximo Gedda Ortiz__por Ignacio Puelma
Un par de botas para su hermana __ Luis Guajardo Zamorano __por Martín Faunes Amigo
Carta para mi amigo el ciclista __ Sergio Tormen Méndez __por Carlos Moukarzel Numair
Cien años de soledad __ Santos Romeo González __por Nilda Bórquez
La hija del flaco Raúl __ Carlos Julio Fernández Zapata __por Hilda E. Espinoza Figueroa
El detective-ángel de las micro tabletas fotográficas __ Teobaldo Antonio Tello Garrido __por Martín Faunes Amigo
Ramón Núñez, ¡no existe! __Ramón Núñez Espinoza __por Lucía Sepúlveda
Abundio, el carpintero del G1 __Abundio Contreras González __por Lucía Sepúlveda
A la esquina sin abrigo en el invierno del 74__Jorge Olivares Graindorge, Zacarías Machuca Muñoz __por Lucía Sepúlveda
De la Bolsa de Comercio a un recinto de tortura__Guillermo Beausire Alonso __por Lucía Sepúlveda
Estoy en poder de la DINA!__Germán Moreno Fuenzalida __por Lucía Sepúlveda
Collar de flor al cuello__Cecilia Labrín __por Lorena Sandoval
Unos veranos después__Lumi Videla y Sergio Pérez __por Martín Faunes Amigo
El chaleco rosado de jacqueline__Jacqueline Drouilly __por Nicole Drouilly
Un ex dirigente de la salud__Marcos Esteban Quiñones Lembach __por Lucía Sepúlveda
Brazos que parecían abrazar sueños__Elízabeth Cabrera Balarritz __por Carmen Gallero Urízar
El delito de ser amigos y ex alumnos del Manuel de Salas__Jaime Mauricio Buzio Lorca __por Lucía Sepúlveda
Una imagen de cartón levantada sobre mi cabeza__Jenny Barra__por Lucrecia Brito Vásquez
La desaparición del peluquero mirista__Daniel Abraham Reyes Piña__por Lucía Sepúlveda
Sopa de rocas__Juan José Boncompte Andreu__por María Norambuena/Martín Faunes Amigo
Tren nocturno a la esperanza__Carlos Rioseco Espinoza__por Hilda E. Espinoza Figueroa
Entre dos mundos__Jorge D'orival Briceño__por Anita
María Isabel y María Teresa__María Isabel Joui Petersen y María Teresa Eltit Contreras__por Lucrecia Brito Vásquez
Una casa al fondo por Joaquín Godoy__Ida Vera Almarza, María Cristina López Stewart, Carlos Carrasco Matus, Miguel Angel Pizarro Meniconi __por Tomás Pizarro Meniconi
Coca-Cola__Jaime Vásquez Sáez__por Martín Faunes Amigo
El negro era un valiente__Hernán Pérez Alvarez__por Lucrecia Brito Vásquez
Nos encontraremos a través de la niebla que despejaremos__Muriel Dockendorff Navarrete__por Gloria Laso Lezaeta
A María Mardones__Hermanos Velásquez Mardones__por Hilda Espinoza
María Isabel tenía diecinueve años y una vida por delante__María Isabel Joui Petersen__por María Eugenia Letelier
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viernes, 19 de abril de 2013
Fundación Archivo de la Vicaría de la Solidaridad
Fundación Archivo de la Vicaría de la Solidaridad
Documentos de la Fundación Archivo de la Vicaría de la Solidaridad incluyen el informe de la Junta Militar ante Naciones Unidas sobre detenidos-desaparecidos en 1975 y la respuesta del Comité Pro Paz, fichas sobre desaparecidos y testimonio sobre ejecutado en la vía pública.
Testimonio R.Muñoz sobre V.Clement
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751024_Informe Junta a ONU
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Ficha Vicaría Hernán Peña Catalán
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Ficha Vicaría José García Lazo
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Ficha Vicaría Pablo Aranda
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Fichas Vicaría Desaparecidos
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1975_Antecedentes DD negados por Junta
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Documentos de la Fundación Archivo de la Vicaría de la Solidaridad incluyen el informe de la Junta Militar ante Naciones Unidas sobre detenidos-desaparecidos en 1975 y la respuesta del Comité Pro Paz, fichas sobre desaparecidos y testimonio sobre ejecutado en la vía pública.
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lunes, 23 de julio de 2012
CUANDO EL DAÑO Y EL TRAUMA SOCIAL PERDURA.
CUANDO EL DAÑO Y EL TRAUMA SOCIAL PERDURA
de Marys Yic, 27 de Septiembre de 2010
Mucho se ha escrito y hablado sobre la dictadura y el terrorismo de Estado, sobre las víctimas que sufrieron el horror de la cárcel y la tortura, sobre las muertes y las desapariciones, sobre los niños apropiados o recuperados, sobre la clandestinidad y el exilio. Pero poco se nombra a la llamada “segunda generación”, sobre los que siendo niños, niñas o adolescentes fuimos condenados al inxilio y nos consideramos “víctimas directas o sobrevivientes”
Cada una de las historias de aquellos menores de edad tiene su particularidad. Ninguno de nosotros escapamos a esos años oscuros sufriendo directamente la represión política, donde vimos la necesidad de crear estrategias para lograr resistir en medio de tanto horror y tantas pérdidas. Donde tuvimos que hacernos de mecanismos de defensa para sobrevivir en condiciones de dolor y abandono. Complejidad creciente cuando se trata de aquellos niños, hoy hombres y mujeres adultos, que fuimos dañados y crecimos con marcas que todavía no logramos dimensionar.
Nuestros padres, madres, u otros familiares fueron personas que soñaban con un mundo mejor, por eso pasaban su juventud trabajando o estudiando, y sin negar la realidad política y social empleaban su tiempo tendiendo su mano solidaria a los más necesitados, a los que carecían de trabajo, de vivienda o educación. Eran la voz de los que no podían o no sabían reclamar por sus derechos, soñaban con un mundo mejor, con la igualdad, la justicia y la dignidad. Lucharon contra la dictadura y lo hicieron hasta las últimas consecuencias, dando en muchos casos LA VIDA.
Se sabe que toda situación producida por el terrorismo de Estado fue de carácter traumático. No solo por los brutales métodos que el régimen de facto usó para la persecución y eliminación de sus opositores, sino porque se dirigió una amenaza abierta contra el conjunto de la sociedad, que se implementó a través de distintas técnicas, las cuales los niños no estábamos ajenos a recibirlas: sufrimos la violencia dentro de nuestro hogar, los allanamientos y los saqueos; nos invadió el miedo, la angustia, la inseguridad; fuimos testigos de los secuestros de nuestros padres, y unido a todo eso… el peso del silencio. No podíamos hablar, no podíamos contar, no podíamos pedir ayuda…
Maduramos a la fuerza, nos tuvimos que hacer cargo de las responsabilidades de los adultos y en muchos casos necesitamos salir a trabajar tempranamente para poder comer, perdiendo la oportunidad de estudiar en tiempo y forma.
Supimos tragarnos la angustia y la bronca cuando nos humillaban en los cuarteles. Supimos tragarnos la tristeza cuando necesitábamos apoyo y contención. Nos volvimos rebeldes, pero sensibles, duros, pero a
la vez frágiles.
Muchas fueron las pérdidas: físicas cuando secuestraban, encarcelaban o asesinaban a nuestros familiares, pero también tuvimos pérdidas de nuestro hábitat, de nuestros objetos, de nuestras ilusiones, de nuestro tiempo para crecer saboreando la infancia o la adolescencia. Destruyeron nuestros proyectos, nos quitaron los sueños, nos cortaron las alas…
En aquella generación de hijos hubo situaciones de mucho dolor, un dolor incontenible que desbordaba, porque esos años fueron realmente muy traumáticos, era la primera vez en la historia del Uruguay que se cargaba con tanta violencia. El terrorismo de Estado nos condenó causando un daño trans-generacional y dejando un trauma social importante, secuelas sociales, emocionales y económicas permanentes y en muchos casos irreparables.
Hoy, en plena democracia, muchos seguimos experimentando el abandono, sentimos que las heridas de las situaciones históricas vividas siguen estando y nuestro dolor es invisible para el Estado y para una parte de la sociedad. Seguimos enfrentados al daño y en riesgo de ser atrapados por el silencio, el olvido y el desconocimiento. Estamos en una lucha permanente contra la desconfianza y la duda sobre la verdad, todo agravado por la impunidad que protege a los responsables de graves crímenes contra nuestro pueblo.
¿Son compatibles la justicia y la impunidad? ¿Se puede rehacer un proyecto de vida cuando los responsables de tanto dolor no son sometidos a la justicia? ¿Se puede decretar el perdón y el olvido mediante una ley?
Nos sentimos doblemente víctimas. Por una parte la violencia que se descargó en la década del 70 y por otro, la cultura de la impunidad vigente.
Nuestro rol como hijos y víctimas refleja y representa un invalorable aporte a la democracia, pero llegar a asumirlo se logra a través de un doloroso recorrido personal que implica sobreponerse al daño sufrido, enfrentar condiciones muy adversas y dedicar enormes recursos materiales, económicos y emocionales.
Es un largo y extenuante camino el que recorremos para alcanzar la justicia y demanda un esfuerzo y una fortaleza inmensa.
El Estado uruguayo tiene la obligación de reconocernos, de vernos y de escucharnos. Tiene que asumir su deber de aplicar la verdadera Ley de Reparación Integral tal cual lo marcan los organismos internacionales, que de algún modo, logre compensar las violaciones a nuestros derechos humanos y las pérdidas padecidas. En el derecho internacional establece que todas las víctimas tienen derecho a obtener una reparación que abarque todos los daños y perjuicios sufridos.
Por ejemplo, en uno de sus párrafos dice: “… El daño al proyecto de vida debe ser reparado a través del otorgamiento de becas de estudio, con apoyo económico durante la duración de los estudios, en instituciones que cuenten con reconocimiento oficial. O bien, mediante la obtención de la víctima a un puesto de trabajo.
Se trata de reconstruir la propia existencia, lejos del terror y la impunidad, gracias a un acto jurídico y simbólico a la vez. Pero no es una real reparación si ésta no se compone también por la Verdad, la Justicia y las garantías de Nunca Más.
Los uruguayos tenemos la oportunidad histórica de proceder con verdad y con justicia para construir una sociedad sana y cerrar de esta forma, uno de los capítulos más negros de nuestra historia reciente.
La recuperación del pasado histórico es una pieza fundamental para el presente y el futuro. No podemos ser cómplices del olvido sino luchar contra él y comprometernos a desarticular el mecanismo de la impunidad para que los responsables de crímenes de lesa humanidad y sus cómplices sean enjuiciados con todo el peso de la ley y alojados en cárceles comunes, sin privilegios.
Si no podemos demostrar que la impunidad no tiene más cabido en la realidad nacional, Uruguay se estará haciendo un suicidio político y social.
No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos. Seguiremos luchando por memoria, verdad y justicia.
Marys Yic
de Marys Yic, 27 de Septiembre de 2010
Mucho se ha escrito y hablado sobre la dictadura y el terrorismo de Estado, sobre las víctimas que sufrieron el horror de la cárcel y la tortura, sobre las muertes y las desapariciones, sobre los niños apropiados o recuperados, sobre la clandestinidad y el exilio. Pero poco se nombra a la llamada “segunda generación”, sobre los que siendo niños, niñas o adolescentes fuimos condenados al inxilio y nos consideramos “víctimas directas o sobrevivientes”
Cada una de las historias de aquellos menores de edad tiene su particularidad. Ninguno de nosotros escapamos a esos años oscuros sufriendo directamente la represión política, donde vimos la necesidad de crear estrategias para lograr resistir en medio de tanto horror y tantas pérdidas. Donde tuvimos que hacernos de mecanismos de defensa para sobrevivir en condiciones de dolor y abandono. Complejidad creciente cuando se trata de aquellos niños, hoy hombres y mujeres adultos, que fuimos dañados y crecimos con marcas que todavía no logramos dimensionar.
Nuestros padres, madres, u otros familiares fueron personas que soñaban con un mundo mejor, por eso pasaban su juventud trabajando o estudiando, y sin negar la realidad política y social empleaban su tiempo tendiendo su mano solidaria a los más necesitados, a los que carecían de trabajo, de vivienda o educación. Eran la voz de los que no podían o no sabían reclamar por sus derechos, soñaban con un mundo mejor, con la igualdad, la justicia y la dignidad. Lucharon contra la dictadura y lo hicieron hasta las últimas consecuencias, dando en muchos casos LA VIDA.
Se sabe que toda situación producida por el terrorismo de Estado fue de carácter traumático. No solo por los brutales métodos que el régimen de facto usó para la persecución y eliminación de sus opositores, sino porque se dirigió una amenaza abierta contra el conjunto de la sociedad, que se implementó a través de distintas técnicas, las cuales los niños no estábamos ajenos a recibirlas: sufrimos la violencia dentro de nuestro hogar, los allanamientos y los saqueos; nos invadió el miedo, la angustia, la inseguridad; fuimos testigos de los secuestros de nuestros padres, y unido a todo eso… el peso del silencio. No podíamos hablar, no podíamos contar, no podíamos pedir ayuda…
Maduramos a la fuerza, nos tuvimos que hacer cargo de las responsabilidades de los adultos y en muchos casos necesitamos salir a trabajar tempranamente para poder comer, perdiendo la oportunidad de estudiar en tiempo y forma.
Supimos tragarnos la angustia y la bronca cuando nos humillaban en los cuarteles. Supimos tragarnos la tristeza cuando necesitábamos apoyo y contención. Nos volvimos rebeldes, pero sensibles, duros, pero a
la vez frágiles.
Muchas fueron las pérdidas: físicas cuando secuestraban, encarcelaban o asesinaban a nuestros familiares, pero también tuvimos pérdidas de nuestro hábitat, de nuestros objetos, de nuestras ilusiones, de nuestro tiempo para crecer saboreando la infancia o la adolescencia. Destruyeron nuestros proyectos, nos quitaron los sueños, nos cortaron las alas…
En aquella generación de hijos hubo situaciones de mucho dolor, un dolor incontenible que desbordaba, porque esos años fueron realmente muy traumáticos, era la primera vez en la historia del Uruguay que se cargaba con tanta violencia. El terrorismo de Estado nos condenó causando un daño trans-generacional y dejando un trauma social importante, secuelas sociales, emocionales y económicas permanentes y en muchos casos irreparables.
Hoy, en plena democracia, muchos seguimos experimentando el abandono, sentimos que las heridas de las situaciones históricas vividas siguen estando y nuestro dolor es invisible para el Estado y para una parte de la sociedad. Seguimos enfrentados al daño y en riesgo de ser atrapados por el silencio, el olvido y el desconocimiento. Estamos en una lucha permanente contra la desconfianza y la duda sobre la verdad, todo agravado por la impunidad que protege a los responsables de graves crímenes contra nuestro pueblo.
¿Son compatibles la justicia y la impunidad? ¿Se puede rehacer un proyecto de vida cuando los responsables de tanto dolor no son sometidos a la justicia? ¿Se puede decretar el perdón y el olvido mediante una ley?
Nos sentimos doblemente víctimas. Por una parte la violencia que se descargó en la década del 70 y por otro, la cultura de la impunidad vigente.
Nuestro rol como hijos y víctimas refleja y representa un invalorable aporte a la democracia, pero llegar a asumirlo se logra a través de un doloroso recorrido personal que implica sobreponerse al daño sufrido, enfrentar condiciones muy adversas y dedicar enormes recursos materiales, económicos y emocionales.
Es un largo y extenuante camino el que recorremos para alcanzar la justicia y demanda un esfuerzo y una fortaleza inmensa.
El Estado uruguayo tiene la obligación de reconocernos, de vernos y de escucharnos. Tiene que asumir su deber de aplicar la verdadera Ley de Reparación Integral tal cual lo marcan los organismos internacionales, que de algún modo, logre compensar las violaciones a nuestros derechos humanos y las pérdidas padecidas. En el derecho internacional establece que todas las víctimas tienen derecho a obtener una reparación que abarque todos los daños y perjuicios sufridos.
Por ejemplo, en uno de sus párrafos dice: “… El daño al proyecto de vida debe ser reparado a través del otorgamiento de becas de estudio, con apoyo económico durante la duración de los estudios, en instituciones que cuenten con reconocimiento oficial. O bien, mediante la obtención de la víctima a un puesto de trabajo.
Se trata de reconstruir la propia existencia, lejos del terror y la impunidad, gracias a un acto jurídico y simbólico a la vez. Pero no es una real reparación si ésta no se compone también por la Verdad, la Justicia y las garantías de Nunca Más.
Los uruguayos tenemos la oportunidad histórica de proceder con verdad y con justicia para construir una sociedad sana y cerrar de esta forma, uno de los capítulos más negros de nuestra historia reciente.
La recuperación del pasado histórico es una pieza fundamental para el presente y el futuro. No podemos ser cómplices del olvido sino luchar contra él y comprometernos a desarticular el mecanismo de la impunidad para que los responsables de crímenes de lesa humanidad y sus cómplices sean enjuiciados con todo el peso de la ley y alojados en cárceles comunes, sin privilegios.
Si no podemos demostrar que la impunidad no tiene más cabido en la realidad nacional, Uruguay se estará haciendo un suicidio político y social.
No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos. Seguiremos luchando por memoria, verdad y justicia.
Marys Yic
miércoles, 23 de noviembre de 2011
Cuadernos del Argonauta: PORQUE NO FUE EN VANO
Cuadernos del Argonauta: PORQUE NO FUE EN VANO
Los vivos y los cuerdos se hacen preguntas que sólo pueden responder los locos y los muertos miércoles 9 de noviembre de 2011PORQUE NO FUE EN VANOEste viernes 11 de noviembre se cumple un nuevo aniversario de la muerte de Sebastián Acevedo Becerra, un modesto trabajador de la construcción de la ciudad de Coronel que, desesperado ante la detención ilegal y tortura de sus hijos María Candelaria y Galo Fernando, por parte de los aparatos represivos de Pinochet, y en señal de protesta ante la negativa de la Dictadura a informar sobre el paradero de ambos jóvenes, se quemó a lo bonzo frente a la Catedral de Concepción, clamando a viva voz para que la maldita CNI (Central Nacional de Informaciones) los devolviera intactos o a lo menos vivos. El martirio de este sencillo hijo de un minero del carbón no sólo salvó la vida de María Candelaria y Galo Fernando, sino que sembró una semilla que pocos meses más tarde brotó para transformarse en la que quizás haya sido la más impactante y certera cachetada moral en las mejillas de los torturadores y sus cómplices (muchos de los cuales miran hoy al puerto de Valparaíso desde sus oficinas en el Congreso) : el Movimiento contra la Tortura Sebastián Acevedo, encabezado por el sacerdote jesuita José Aldunate, que realizó audaces y llamativas protestas y denuncias en las puertas mismas de esos secretos infiernos diseñados a la medida de sus propias pesadillas psicópatas por Pinochet, Sergio Fernández, Sergio Onofre Jarpa, el ex DINA y actual alcalde de Providencia Cristián Labbé, Alfonso Márquez de la Plata, Cardemil, Cuadra y tantos otros cuyo sólo recuerdo revuelve el estómago. Pido a cada uno de ustedes, cualquiera sea su actual posición política o religiosa, que este 11 de noviembre, de la forma que cada cual pueda o quiera, le ganemos una pequeña batalla al olvido y simplemente recordemos a Sebastián, que dónde esté le hagamos sentir que su sacrificio no fue en vano, porque realmente no fue en vano. Mauricio Feller Publicadas por Mauricio Feller a la/s 9:00 |
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