Lo que te falto en tu documental fue mencionar a PUCHA,del apto 13 donde muchos chilenos llamaban para tu chile y mi papa pagaba todas esas cuentas telefónicas,
Testimonios recopilados y obtenidos en la Web POR MEDIO DE LA METODOLOGÍA DE LA ETNOGRAFÍA VIRTUAL
domingo, 3 de junio de 2018
martes, 1 de mayo de 2018
Alberto Rodríguez, el Beto, la voz de la Familoia Gallardo.
jueves, 17 de abril de 2014
Alberto Rodríguez Gallardo: “La verdad, yo no conozco la palabra justicia, menos voy a conocer la palabra perdón” Detalles
Alberto Rodríguez Gallardo: “La verdad, yo no conozco la palabra justicia, menos voy a conocer la palabra perdón”
- Detalles
- Escrito por Pablo Villagra Peñailillo
- Categoría: DerechosHumanos
- Publicado: 12 Abril 2014
Pero la verdad de lo sucedido en ese descampado del fundo Rinconada de Maipú, era otro y marcaría a fuego a toda una familia. Luego de cumplido el ritual macabro del montaje periodístico, seis cuerpos yacían en silencio. Catalina Gallardo Moreno, 30 años, militante del MIR, Alberto Gallardo Pacheco, 63 años, militante del Partido Comunista, Mónica del Carmen Pacheco Sánchez, profesora, militante del MIR, Luis Ganga Torres, comerciante, militante del MIR, Manuel Reyes Garrido, obrero y Pedro Cortes Jeldres, militante comunista.
Alberto Rodríguez, o simplemente Beto, tenía 6 meses cuando fue secuestrado junto a toda su familia. Con el tiempo reconstruyó su historia y la de su familia. A 40 años del Golpe, esta es su historia.
Por Pablo Villagra Peñailillo
¿Toda tu familia fue afectada por la brutalidad de la dictadura, qué puedes contarnos de ella?.
Mi familia recibe dos golpes represivos con asesinatos fuertes. El primero afectó a mi madre Catalina Gallardo, mi tío Roberto Gallardo, mi tía Mónica Pacheco y mi abuelo Alberto Gallardo. Ellos son asesinados con alevosía y con un montaje periodístico televisivo, más conocido como el caso de “Rinconada de Maipú”. Posteriormente, once meses después, asesinan también a mi padre, Rolando Rodríguez.
¿Cuántos años tenías en esa época?
Cundo asesinan a mi mamá yo tenía seis meses, y cuando asesinan a mi papá un año y medio. Es importante señalar que en este evento represivo de noviembre de 1975, donde asesinan al grueso de la familia, toda la familia Gallardo Moreno es detenida; mis tíos, mi prima de nueve años, mi abuela, todos. Luego son separados del grupo mi mamá, mi tía Mónica y mi abuelo Alberto y son llevados a Villa Grimaldi donde son torturados salvajemente. Muchos sobrevivientes recuerdan la noche del 18 de noviembre del año 1975. Posteriormente fueron trasladados a los cerros de Rinconada de Maipú, pero ya sus cuerpos habían sido asesinados. Allí levantan un montaje televisivo donde los rostros visibles son los periodistas Julio López Blanco, Roberto Araya y Claudio Sánchez.
¿Estás consciente que luego de tu detención, tu suerte podría haber sido otra, quizás, como en Argentina, tus captores podrían haberte dado en adopción a una familia militar?
Me cuesta hacer ese cruce…no lo veo en el hoy, me cuesta hacer ficción. Lo que sí sé es que la convicción de mis viejos era total, completa y absoluta. Entonces, cuando son detenidos, y yo soy detenido con mi mamá y somos llevados al Cuartel Borgoño de investigaciones, es ahí donde mi mamá me entrega a los brazos de mi abuela y le hace el encargo que me cuide. Ella tenía plena certeza que por sus convicciones ella no iba a sobrevivir a ese encarcelamiento.
¿Cómo ha sido tu vida después de tantas ausencias?
Yo puedo hacer grandes grupos de tiempo con respecto a lo que ha sido mi vida. Uno de ellos tiene que ver con mi infancia, que es una infancia bien solitaria. En la semana para mi era muy normal estar solo en la casa, porque mi abuela tenía una participación bien activa en la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos y en el accionar directo en busca de justicia, y en busca de otra cosa que es muy bella que es restituir el nombre, el buen nombre de la familia, y eso es una cosa que me ha dejado marcado permanentemente, y a ella (abuela), le ha dolido tanto o más el montaje periodístico que el asesinato.
Posteriormente, ya cuando voy creciendo, a los 15 años, me comienzan a invitar a participar socialmente en la comuna donde vivo, que es Renca. Ahí participé de lleno en lo que fueron los grupos de prevención de drogas en la organización La Caleta. Ahí comienza un recorrido organizativo importante; el apoyo a los presos políticos nacionales y a los prisioneros políticos chilenos en el Perú. Luego me voy a estudiar historia a la Universidad La Frontera e integro por largos años la compañía de teatro La Gotera. Una vez de vuelta en Santiago me encuentro con otros Hijos e Hijas y ahí se marca un paso importante en mi vida, que luego se afianza en querer saber efectivamente qué pasa con mi historia; saber quiénes eran mis padres, dónde estaban, cuál era su militancia. Porque hasta ese momento no conocía a los compañeros de mis viejos.
Ellos participaban en la Juventud Obrera Cristiana JOC, pero además eran militantes del MIR. Y dentro de lo que es, llamemos la militancia cristiana, conocí un montón de gente, como los curas obreros, que también conocieron a mis padres y siempre estuvieron bien cercanos, pero de sus compañeros del MIR no, no aparecían. Y fue en esos años de búsqueda en los cuales he ido reconstruyendo, porque estoy en un proceso permanente de reconstrucción de la memoria de mi familia. Y en ese sentido, marca un quiebre muy grande en mi vida el cumplir la misma edad que ellos tenían cuando los asesinaron. El cumplir los 30 años fue un momento muy importante para entender sus luchas de una manera más potente. Yo desde muy pequeño tengo conciencia de cómo fueron asesinados y, en la medida que fui creciendo, fui explicándome de mejor manera los detalles. Pero a partir de los 30 años, más que una búsqueda para saber cómo fueron asesinados o quiénes fueron sus asesinos, aunque la verdad es que lo he sabido desde siempre, es la búsqueda por saber cómo eran sus vidas, y eso marca también una distinción muy grande, porque también nos encontramos en algún momento en el camino, en el sentido que desde un tiempo a esta parte he desarrollado gran parte de mi historia personal relacionado con lo que es la memoria. No sólo la memoria del suceso trágico, sino la memoria que tiene que ver con su vida, con cuáles eran sus proyectos de transformación, cuál es el real significado de la dignidad de los pobres, de los populares de nuestro país y de América Latina completa. Y esa búsqueda ha sido muy interesante. El ir descubriendo y sintiendo que soy parte de una historia tremenda, de una convicción de lucha y transformación de esta sociedad a mí me llena de orgullo. En el caso de mi papá, él estuvo clandestino desde que asesinaron a mi familia, 11 meses en total, y él, conociendo de las torturas, del horror, la muerte y la masacre, decide mantenerse en la lucha. A él, muchas personas le piden que se vaya del país, entre ellos su familia, compañeros y gente ligada al mundo cristiano. Me acuerdo siempre de la conversación con un tío, hermano de él, quien me contó que le dijo “oye, hue’ón ándate, que estás haciendo, piensa en el Beto”; la respuesta de mi papá fue que sí, que él pensaba en mí, pero también en todos los Betos de Chile, y por tanto, él se quedaba en la lucha de la resistencia. Para mí ese gesto tan grande, tan noble, lleno de coraje y amor, a mí me deja tranquilo.
¿Y en todos estos años ha existido justicia para tu familia? ¿en qué está el caso judicial?
El caso estuvo por largos años en manos del Ministro Solís, que hizo un gran avance investigativo, pero para desdicha del Poder Judicial, el Ministro cesó sus funciones en diciembre del 2012, por tanto, ahí cambia de lugar la causa y queda estancada. Nosotros tenemos plena certeza desde hace muchos años de quiénes son los responsables; en general, la cúpula de la DINA y los encargados de Villa Grimaldi, por tanto, no hay un avance mayor en ese sentido, salvo en los años 2005 al 2008, en que hacemos la solicitud al Colegio de Periodistas de Chile para que haga una investigación ética respecto al rol de los periodistas durante el régimen y, específicamente, en el caso de nuestra familia. A raíz de ello, son sancionados varios periodistas de la orden: Claudio Sánchez, Roberto Araya y Julio López Blanco. Nosotros, con esa sanción, una vez que sale lo que hacemos es ampliar la querella, no sólo hacia los responsables materiales y directos de los asesinatos, sino también a los encubridores. Y en este caso, el único civil imputado en causas de Derechos Humanos es un periodista y se llama Roberto Araya. Lo malo de esta historia es que el muy cobarde y canalla se murió el 19 de julio de este año, entonces, se murió sin recibir una sanción. O sea, desde el espacio de justicia, esta es una de las causas, de las tantas causas que no tiene justicia. Tanto en el caso de Rinconada de Maipú, como también en el caso que se ha abierto el año 2008 por el asesinato de mi papá y de Mauricio Carrasco, los que fueron acribillados en la calle, no existe justicia.
A propósito de esta ola de perdones que inundan estos 40 años ¿es posible reconciliarse o perdonar a los cómplices y asesinos de tu familia y de tantos compañer@s?>
La verdad, yo no conozco la palabra justicia, menos voy a conocer la palabra perdón. Yo no las conozco, no sé qué significan. En ese sentido, he escuchado voces muy serias que hablan de perdón, pero eso no se plasma en acciones concretas. Más encima hoy, y no sólo hoy, sino que desde hace muchos años es que se nos exige a nosotros los familiares que tengamos una actitud de perdón, cuando la sociedad en su conjunto y sobre todo las instituciones relevantes de esta sociedad, no han tenido ninguna acción concreta de perdón. Hoy escuché que la Corte Suprema en un hecho histórico realizó un “mea culpa”, pero eso debía haberse plasmado en acciones concretas. Los montajes de los cuales fueron victima tanto mi familia, como otros, como el caso de los 119, que son los dos casos por los cuales el Colegio de Periodistas ha pedido disculpas públicas a la sociedad, resulta que jamás el fallo, con la trascendencia que debió tener, ha aparecido en algún medio. Aprovecho esta tribuna para hacer un llamado para que Televisión Nacional de Chile y Canal 13, muestren cuál fue el montaje que se realizó y cuál fue la noticia real.
Hago el mismo llamado para el resto de los medios, porqué durante los años ‘80s tenemos un sinfín de montajes comunicacionales. Pero también hay que recordar lo que sucede hoy, como el montaje del caso Bombas, el caso de Elena Varela, los montajes en los casos mapuche, que son verdaderos legados que dejó la dictadura cívico militar. Porque la constitución sigue siendo la constitución de Pinochet, con todo un legado de injusticias, como el caso de las farmacias, de las AFPs, el robo en la educación, el robo en la salud. Un país que aplica medidas de desarrollo neoliberales que son absolutamente injustas, son el legado por no haber hecho justicia con los responsables de las violaciones de derechos humanos.
Entonces, mientras no haya acciones reales y concretas que tiendan a que en nuestra sociedad la justicia no sólo sea para unos pocos, sino que sea a favor de todos, yo me sumo al legado de HIJOS Internacional y su leyenda que dice “¡No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos!”
jueves, 8 de septiembre de 2016
DESCLASIFICACION POPULAR DE INFORME VALECH 1
Publicado el 20 ago. 2015
UNA LEY QUE NO HABÍA SIDO OBSERVADA, UNA ACCIÓN SIN ANTECEDENTES
Desclasificación popular de torturadores civiles y militares de la Comisión Valech 1
El Estado de Chile, durante el gobierno Ricardo Lagos Escobar, creó la comisión Valech (conocida como Comisión Valech 1) donde se puso el secreto de 50 años a los archivos que contienen los testimonios de las víctimas de prisión política y tortura. Este secreto fue preconcebido por el pacto entre la dictadura y las eventuales fuerzas pseudo-democráticas de Chile a partir del año 2003, con el fin de asegurar la impunidad de los aparatos represivos de las FF.AA y a los civiles que sistemáticamente violaron los DDHH del pueblo de Chile durante la dictatorial cívico-militar (1973-1990).
Hoy un grupo de ex presas y presos políticos del MIR, bajo un resquicio legal encontrado en la ley n° 19.992, han tomado la determinación de hacer valer su derecho como personas individuales a la desclasificación de sus testimonios, y así romper el silencio cómplice de los gobiernos continuistas.
Hacemos un llamado a tod@s l@s ex pres@s a pedirle al Estado de Chile sus archivos, documentos y testimonios dados en la Comisión Valech 1.
Cada ex pres@ polític@ puede hacer valer su derecho individual sobre los testimonios dados al Estado como víctimas, y desclasificar a los torturadores civiles y militares.
Convocamos a todos los medios de comunicación alternativos a romper el duopolio y los pactos de silencio apoyando la causa de los ex pres@s polític@s.
Anunciamos, además, que hablaremos del proceso de solicitud de nuestros archivos para romper el silencio de los 50 años con Francisco Ugás, Secretario Ejecutivo del Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior y Seguridad Pública. Esta reunión será el miércoles 26 de agosto, a las 15.00 hrs. en el Departamento del Derechos Humanos del Ministerio del Interior y Seguridad Pública.
COORDINADO DE EXPRES@S POLITIC@S MIR
21 de agosto del 2015, Santiago de Chile
Desclasificación popular de torturadores civiles y militares de la Comisión Valech 1
El Estado de Chile, durante el gobierno Ricardo Lagos Escobar, creó la comisión Valech (conocida como Comisión Valech 1) donde se puso el secreto de 50 años a los archivos que contienen los testimonios de las víctimas de prisión política y tortura. Este secreto fue preconcebido por el pacto entre la dictadura y las eventuales fuerzas pseudo-democráticas de Chile a partir del año 2003, con el fin de asegurar la impunidad de los aparatos represivos de las FF.AA y a los civiles que sistemáticamente violaron los DDHH del pueblo de Chile durante la dictatorial cívico-militar (1973-1990).
Hoy un grupo de ex presas y presos políticos del MIR, bajo un resquicio legal encontrado en la ley n° 19.992, han tomado la determinación de hacer valer su derecho como personas individuales a la desclasificación de sus testimonios, y así romper el silencio cómplice de los gobiernos continuistas.
Hacemos un llamado a tod@s l@s ex pres@s a pedirle al Estado de Chile sus archivos, documentos y testimonios dados en la Comisión Valech 1.
Cada ex pres@ polític@ puede hacer valer su derecho individual sobre los testimonios dados al Estado como víctimas, y desclasificar a los torturadores civiles y militares.
Convocamos a todos los medios de comunicación alternativos a romper el duopolio y los pactos de silencio apoyando la causa de los ex pres@s polític@s.
Anunciamos, además, que hablaremos del proceso de solicitud de nuestros archivos para romper el silencio de los 50 años con Francisco Ugás, Secretario Ejecutivo del Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior y Seguridad Pública. Esta reunión será el miércoles 26 de agosto, a las 15.00 hrs. en el Departamento del Derechos Humanos del Ministerio del Interior y Seguridad Pública.
COORDINADO DE EXPRES@S POLITIC@S MIR
21 de agosto del 2015, Santiago de Chile
martes, 16 de agosto de 2016
Sala A. El Edificio de los Chilenos. TeleSUR
Actualizado el 19 feb. 2011
A fines de los años 70', los militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) exiliados en Europa regresaron a Chile a luchar clandestinamente contra la dictadura. Muchos de esos militantes tenían hijos que no podrían llevar con ellos. Para esos hijos nació el Proyecto Hogares, un espacio de vida comunitaria que reunió cerca de 60 niños que fueron cuidados por 20 adultos, llamados Padres Sociales. Esta es la historia de un pedazo de mi vida. Algunos reconocimientos son el Gran Premio Embajada de Francia, Festival Internacional de Documentales de Santiago, Fidocs, 2010. Mención honorífica, International Leipzig Festival for Documentary and Animated Film, 2010. Mejor Documental del Año, ChileReality Festival de Cine Documental de Chillán, 2010. Segundo Premio Coral, Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, 2010
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Macarena Aguiló y 'El edificio de los chilenos'
comentarios
Francisco prieto lopezHace 1 año
jueves, 17 de marzo de 2016
domingo, 3 de enero de 2016
Me lleva a la cárcel pública y los “huerfanitos justicieros”, los hijos del MIR.
Me lleva a la cárcel pública
Testimonio de SilvanaVerónica Fuentes Cienfuegos, asistente audiovisual, hija de Veronica Cienfuegos,militante del MIR.
Llego a Santiago en silencio y parto donde mis amigos, y me dicen que ya sabían que mi mamá había sido ejecutada. ¡Todos sabían! Yo no entendía por qué no me contaron. Mi papá fue capaz de silenciar a una generación completa, a familias completas. ¡Por qué nunca me dijeron! Todavía eso lo tengo un poco pendiente. Cuando llego donde la Nati, la hija de la Érika Chanfreau, ella se hace cargo. Teníamos la misma edad y vivimos juntas en París. Me lleva a la cárcel pública, a la Mapocho, donde estaban detenidos todos los sobrevivientes del MIR. Cada uno me habló de mi mamá, me entregaron cosas, cartas, etc. Entré y todos me estaban esperando. Ahí empecé a reconstruir la historia, y el Carlos Insunza por su lado, con la Nati, fueron las dos únicas personas de mi generación que me ayudaron. Ni el Marco, ni ninguno de los que estaban súper posicionados fueron capaz de entregarme información. Nadie quiso hacerse cargo, nadie se metió. Carlos y la Nati sí. Empezamos a recorrer por partes hasta que la encontré. La encontré en el patio San José. La estaba buscando por la lógica familiar, porque la habían enterrado en un nicho que era de mi tío abuelo, donde estaban sus hermanos y unas primas también. Estaba con su familia del lado de mi tío abuelo, del esposo del hermano de mi abuela. Cuando la encontré fui a la cárcel, hice una tremenda limpieza de amigos, me vinculé a los “huerfanitos justicieros”, a los hijos del MIR. Los “huerfanitos” se lo puse yo para desperfilar la cuestión, era mucho menos doloroso y la primera reunión que tuvimos nos pusimos un nombre. Yo digo “Mi mamá no me da manjar Colún”, y quedó como talla. Me vinculé con ellos.
Relatado por Sylvana Fuentes, hija de María Verónica Cienfuegos.
María Verónica Cienfuegos
Ejecutada el 11 de diciembre de 1981
María Verónica Cienfuegos nace el 18 de septiembre de 1953, crece en la Villa Olímpica, en Ñuñoa. Es la segunda de cuatro hermanos; Sergio Cienfuegos, su hermano mayor, es el único hombre. Aún es muy joven cuando su madre enviuda de su padre.
Estudia en un liceo cerca de la Villa. Asidua lectora de novelas, María Verónica es menuda y alegre; apasionada y soñadora. Para el golpe de Estado, tiene 18 años, se encuentra enamorada y embarazada de su futuro esposo, Carlos Fuentes –vecino del barrio–. Carlos estudia en la Universidad Técnica del Estado –actual USACH–, es militante del MAPU (Movimiento de Acción Popular Unitaria) y trabaja como cajero en el Banco Estado.
En 1973, después del golpe de Estado, María Verónica se radica en Buenos Aires. Sigue a Fuentes, quien se exilia luego de que agentes del aparato represor lo van a buscar a su lugar de trabajo. En 1974 María Verónica retorna a Chile con el fin de encontrar a su hermano Sergio quien ha sido detenido por el aparato represor de la dictadura –hasta el día de hoy se encuentra desaparecido–. Verónica se queda aproximadamente un año en Chile buscando a su hermano para finalmente partir a Francia, en donde se encuentra su marido, quien en 1975, debido a la dictadura argentina, debe viajar hacia París. Ahí conviven como familia en una barrio de refugiados políticos a la afueras de París –Orly– con un grupo importante de exiliados chilenos: Érika Hennings –viuda de Chanfreau–, la familia Gumucio, Insunza, Fernández, Enríquez… En ese entonces, su hija Sylvana tenía alrededor de dos años.
En 1976, Verónica se separa de Carlos Fuentes y comienza a militar activamente en las facciones exiliadas del MIR. Tiempo después, comienza a vivir con Sergio Flores quien, junto a la memoria de su hermano Sergio, es su gran influencia política. En 1979, junto a Flores inician los preparativos para volver clandestinos a Chile como parte de la Operación Retorno, plan del Movimiento de Izquierda Revolucionaria –MIR– para derrocar a la dictadura. Su hija Sylvana permanece viviendo con su padre en París.
La “Chica Laura”, chapa que usaba María Verónica como combatiente del MIR, viaja primero a Cuba para entrenarse. De su historia en ese país no se conoce mucho, pero se sabe que se desempeña como comandante en la Escuela de Guerrillas. María Verónica le enviaba todos los meses a su hija libros infantiles, una colección entera que Sylvana todavía guarda. También le mandaba cartas con su nombre, que venían de rebote y abiertas, entregadas por compañeros del MIR a su hija Sylvana. En 1981 los libros dejaron de llegar.
Verónica y su compañero Sergio entran a Chile en mayo del 81. Entraron por el aeropuerto. Ella con su nombre, y Sergio, como Eduardo, su chapa –Sergio era parte de la dirección general del MIR–. Por seguridad, no debían tener contacto con sus familias y pasaron muchas penurias económicas. Todos las personas vinculadas a María Verónica fueron perseguidas e interrogadas en esa época.
María Verónica y Sergio Flores fueron acribillados por agentes de la CNI el 11 de diciembre de 1981. Verónica había almorzado con su madre el día antes que la mataran y ese día no había podido hacer preparación física con Sergio en el Parque O´Higgins pues tenía un esguince en un pie. Él fue solo, pero le advirtieron de la posibilidad del atentado y pudo regresar a la casa. Testigos declararon que Sergio y Verónica fueron previamente seguidos. La CNI montó un gran operativo que fue cubierto por los medios de prensa de la época, helicópteros y un gran número de agentes de la CNI, los cuales armaron un montaje de enfrentamiento que presentaba a Verónica y a Sergio como guardadores de un gran arsenal y terroristas de alta peligrosidad, lo cual ha sido demostrado como falso. En la actualidad el caso de Verónica y Sergio está en proceso, como ejecución fuera de toda ley.
Fuentes:
Testimonio de Sylvana Verónica Fuentes Cienfuegos, hija de María Verónica Cienfuegos
Memoria Viva:
http://www.memoriaviva.com/Ejecutados/Ejecutados_C/maria_veronica_cienfuegos_cavier.htm
sábado, 2 de enero de 2016
EL TRAUMA HUMANO Comentarios y reflexiones sobre las consecuencias de ejecuciones, muertes y desaparecimientos
EL TRAUMA HUMANO
Comentarios y reflexiones sobre las consecuencias de
ejecuciones, muertes y desaparecimientos
http://www.derechos.org/nizkor/chile/libros/blanco/cap7.html
Tal vez los contenidos de este capítulo no tienen aún término. Desde los momentos mismos que iniciamos este trabajo, hace ya más de un año y hasta el día de hoy, "las verdades", o tal vez "las mentiras" sobre los hechos que nos ocupan siguen produciéndose, algunas a medias, otras incompletas o trastocadas.
Una y otra vez hemos confrontado datos, comprobado antecedentes, buscado y analizado querellas, prensa, certificados de muerte, en los casos de asesinatos y revisado las confusas explicaciones que se han dado sobre los desaparecimientos.
Al terminar los tres capítulos anteriores, habíamos concluido que, de las personas que llegaron el día 11 de septiembre de 1973 a los alrededores de La Moneda; los que fueron trasladados a la Posta Central heridos y el grupo que fue conducido al Tacna luego de su detención, diecinueve fueron ejecutados y diecisiete permanecían hasta el 6 de enero del 2001 como desaparecidos.
Cuando esta investigación estaba por terminar fuimos, una vez más, brutalmente sorprendidos. El día 7 de enero del año 2001, en el Informe entregado por la Mesa de Diálogo al Presidente de la República, se afirma que las trece personas conducidas desde el Palacio Presidencial al Regimiento Tacna -y que hasta ahora se encontraban en la categoría de desaparecidos- fueron lanzadas al mar frente al puerto de San Antonio, a 40 millas de la costa, el día 13 de septiembre de 1973, es decir dos días después de su detención. Ellos son Jaime Barrios Meza, Daniel Escobar Cruz; Enrique Huerta Corvalán; Claudio Jimeno Grendi, Jorge Klein Pipper y Arsenio Poupin Oissel, Oscar Reinaldo Lagos Ríos; Juan José Montiglio Jara; Julio Hernán Moreno Pulgar; Jorge Orrego González, Julio Tapia Martínez; Oscar Valladares Caroca y Juan Alejandro Vargas. Lo más increíble de esta revelación es que las Fuerzas Armadas entregan esta información, en la mayoría de los casos, en forma condicional, al decir, "posiblemente, probablemente lanzados al mar".
Este Informe agrega además los nombres de dos personas que al igual que los anteriores tenían un destino final desconocido, Domingo Blanco Tarros y Pedro Carees Portigliatti, que como se recordará habían sido detenidos en los alrededores de La Moneda. El Informe dice de ellos que el día 13 de septiembre, al igual que los anteriores, habrían sido lanzados al mar, frente a las costas de San Antonio. Es decir, existe una indiscutible contradicción entre lo informado por la Mesa de Diálogo y el Certificado que acredita que Blanco Tarrés estaba vivo, por lo menos hasta esa fecha. Su hija se pregunta, una y otra vez, ¿Cuál es el verdadero destino de mi padre? ¿Qué pasó con él?
De Osvaldo del Carmen Ramos Rivera quién fuera trasladado herido a la Posta Central desde el Palacio de La Moneda, se informa que su destino final fue el Servicio Médico Legal el día 28 de septiembre de 1973, es decir, el mismo día en que él fue raptado cuando era trasladado desde la Posta Central al Hospital de la Penitenciaría.
Por tanto, de las diecisiete personas detenidas y que estaban en la calidad de desaparecidas en los tres hechos represivos descritos anteriormente, (Posta Central, Regimiento Tacna e Intendencia) luego del Informe de las Fuerzas Armadas, sólo queda uno de ellos en calidad de desaparecido: se trata de Antonio Aguirre Vásquez. Tal vez él no está en ninguna lista, ni en ningún lugar, porque en la historia de su vida y desaparecimiento, como lo relatamos anteriormente, se develan las mentiras de un actual Senador de la República Sergio Diez, lo que explicaría que los que elaboraron las listas e Informes entregados por la Mesa de Diálogo no podían incluirlo entre los que fueron lanzados al mar.
¿ESTO ES ASI?
Hemos vuelto a reconstituir sus historias de vida, penetrar en la increíble realidad de no estar en ningún lugar, en ningún tiempo, en ningún relato, en ninguna historia, ni dicha, ni menos imaginable. Si los lanzaron al mar, esta acción sería difícil de comprender, pues significaría que sólo a dos días del golpe de Estado, los Fuerzas Armadas y Carabineros, ya contaban con helicópteros o barcos preparados para cumplir esta tarea y con numeroso personal adiestrado para cometer este crimen.
Nos corresponde, por tanto, al fin de estos tres capítulos y con estos nuevos antecedentes entregados por las propias Fuerzas Armadas, aportar al conocimiento público, el significado y especialmente, las consecuencias que estos crímenes tuvieron y siguen teniendo.
Consideramos que el crimen es históricamente todo acto humano no aceptado legal ni moralmente, prohibido, censurado, castigado. Su significado está en el imaginario social, en el subconsciente colectivo, en los patrones culturales de un pueblo. El crimen de lesa humanidad no es en modo alguno, un crimen cualquiera, del mismo modo que las amnistías de ellos no son equiparables a otra suerte de amnistías. Porque ese crimen se perpetra expresamente ideado y planificado por un sistema, por un poder, tiene sus códigos, sus técnicas, sus lugares, sus responsables, que usan la violencia transformada en agresión lúcida y consciente. Utiliza la razón para destruir. Se trata de una violencia máxima, ejecutada en forma brutal para que ella se difunda desde el cuerpo individual al cuerpo social. Se trata de paralizar, de someter mediante el terror.
En estos crímenes se concretó un vínculo humano destructor, una bipolaridad entre víctima y victimario. En estas acciones se produjo una conjunción humana perversa, indisoluble, que persistió en el tiempo. Las personas que lo sufrieron y sobrevivieron y que fueron testigos de lo que sucedía en el Regimiento Tacna, nos relataron que ellos estaban absolutamente inermes, indefensos, impotentes frente al militar que tenía todo el poder y la fuerza para avasallarlos y destruirlos en su naturaleza única e indivisible que los constituye como persona. De ahí su nombre, crimen contra la humanidad, porque es la esencia de la persona misma la que se destruye o de lesa humanidad en lengua castellana, es decir, los seres humanos agraviados, lastimados, ofendidos.
Para aclarar estos conceptos, es necesario retroceder en el tiempo. Recordemos que a pesar que la violencia, los crímenes, la agresión intra especifica en los seres humanos se registran desde los inicios de la historia de la humanidad, fue sólo después del genocidio de la Segunda Guerra Mundial --en el Siglo XX -- que se inicia la elaboración de los conceptos contemporáneos de los Derechos Humanos. El primer instrumento que se elaboró con tal fin fue la Carta de las Naciones Unidas. En ella se establece la creación de la Comisión de Derechos Humanos. Previamente, el Tribunal Militar internacional, establecido en la ciudad de Nuremberg, definió por primera vez en la historia, tres categorías de crímenes que debían ser juzgados, por el Derecho Internacional: crímenes contraía Paz; crímenes de Guerra; y crímenes contra la Humanidad.
En Chile no hubo guerra; no fue ni siquiera una situación bélica. Pues en las guerras, los enemigos son beligerantes, es decir, guerreros y tienen igual derecho de recurrir a la fuerza. En el asalto a La Moneda no sólo no hubo combate, sino que se produjo una desigualdad humana en la que la violencia y la muerte venía de uno sólo de los dos bandos en pugna, una guerra unidireccional, es decir, era el poder militar el que la definía.
Y luego de conocer y analizar los antecedentes sobre la gestación y realización del golpe de Estado, nos preguntamos ¿No se cometió, aquí en Chile, además, un crimen contra la paz?, pues de acuerdo a su definición "Ellos se realizan cuando en tiempo de Paz existe premeditación, preparación, iniciativa y ejecución de guerras de agresión y de agresión interna que representan una violación de los tratados internacionales". Pudiera ser, pero los que sin apelación se instalaron en Chile desde el 11 de septiembre de 1973 fueron los así llamados crímenes de lesa humanidad.
Treinta y seis chilenos todos hombres, el mayor de 48 años y el menor de apenas 19 años cumplidos, fueron torturados, ejecutados o hecho desaparecer luego de su detención.
No incluiremos en este desgarrador universo de personas al Presidente Salvador Allende ni al periodista Augusto Olivares quienes, voluntariamente, en plena conciencia de sus decisiones y como último gesto de libertad sobre la elección de su destino- eligieron su muerte, en este caso, el suicidio, frente a la "masacre" humana que se avecinaba y que se expresaba en el primer hecho de "Terrorismo de Estado": el bombardeo de La Moneda.
El Terrorismo de Estado definido como "aquel que dispone del monopolio de la violencia, que sustituye el orden, la regla, la historia institucional a su arbitrio desembarazándose de cualquier limitación legal para aplicar la violencia en forma planificada y eficaz, como arma de opresión". Eso es lo que se vivió: desde la intimidación hasta la guerra psicológica, desde la persecución hasta la muerte y desaparecimiento, desde la detención, prisión y tortura hasta la desintegración y demolición de la persona; desde la persecución hasta el exilio masivo; desde las dudas sobre la verdad de lo ocurrido hasta una impunidad absoluta (1).
Mientras estos treinta y seis compatriotas enfrentaban su destino, una muerte inexorable, una catástrofe humana, en el sentido fuerte del término, una catástrofe íntima y singular con la presencia inminente de la tortura y la inevitable demolición o destrucción de su existencia, en el resto del país se instalaba junto al terror en toda la población, una situación que, tiempo después, describimos como amedrentamiento colectivo, diferenciándolo de otras sinonimias, miedo generalizado, angustia colectiva, usados por otros autores; porque en la palabra amedrentamiento se sintetiza un doble significado. Por un lado, las acciones de violencia y, por otro, el resultado de un proceso intencional dirigido a provocar un estado de ánimo, en este caso, colectivo, de miedo, con el objeto de inmovilizar, silenciar, someter, para transformar finalmente a las personas en alguien que medra, que pide, que implora, que ruega al poder alguna forma de protección (2).
DE AHÍ TAL VEZ EL SILENCIO
Vale la pena recordar, además, que el 12 de Septiembre, a horas del bombardeo, la Junta que asumió el poder luego de la demolición de la Moneda y de la institucionalidad del país, dictó el decreto de Ley Nº 5 que determinó la existencia de un estado de guerra, sin advertir que, al dictar este decreto, -por lo demás mentiroso- estaban obligados a respetar los Convenios de Ginebra, ratificados por Chile en 1951, los cuales prohíben la tortura a los prisioneros de guerra y, además, califican estos delitos como inamnistiables e imprescriptibles.
Circunscritos los actos cometidos y las situaciones vividas desde antes, durante y después del bombardeo de la Moneda, volvamos a la historia íntima y final de estas treinta y seis compatriotas.
Recordemos que el Informe de la Comisión de Verdad y Reconciliación había clasificado a todos los trasladados al Regimiento Tacna como detenidos desaparecidos.
Esa verdad, ese dato, esa dramática realidad no fue así y, sin embargo, para los familiares de las víctimas durante más de veinte años, fueron padres, esposas, hijos de uno más de los miles de detenidos desaparecidos de este país.
Retrocedamos en el tiempo y en las historias de estos diecinueve ejecutados. Sólo dos familias; se enteraron por informaciones de personas y voces anónimas que los cuerpos sin vida de sus hijos se encontraban, a menos de una semana de su secuestro, en el Instituto Médico Legal. Se trata de Enrique Ropert Contreras y Mario Jorquera Leyton. Los buscaron, como relatamos, entre cientos de cadáveres tirados en los suelos de la morgue. Finalmente los encontraron desnudos con sus cuerpos destrozados por las balas.
Sólo esas dos familias, de los diecinueve ejecutados, pudieron enterrar a su ser querido cumpliendo con esa ceremonia funeraria, práctica realizada por todos los pueblos en todas las épocas, desde las más ancestrales, para conjurar el sufrimiento y lo desconocido: la muerte, sin embargo ¿podrían haber iniciado esas dos familias un proceso de duelo o trabajo de duelo, como lo denominó Sigmund Freud hace más de un siglo? Sin lugar a dudas, no. Más aún, cuando una madre, no supo ni de la muerte de su hijo, ni de su entierro, cuando ella misma debió ocultarse por meses para sobrevivir. Nos referimos a Miria Contreras Bell, madre de Enrique Ropert Contreras.
Si la muerte es de por sí inimaginable e irrepresentable, la muerte de esos dos muchachos, no fue ni será nunca, aceptable ni menos concebible. A sus familiares les ha sido difícil realizar el tránsito desde ese cuerpo agredido y destrozado por las balas, al recuerdo, a la reminiscencia de lo que eran en vida. No han podido incorporar esa realidad exterior siniestra al interior de sus vidas.
De modo que ese proceso de duelo, que consiste en retirar el amor, la libido del ser perdido y re-instarlo vivo, presente, en un nuevo contexto imaginario, está suspendido en el tiempo y tal vez sólo pueda esbozarse al saber quién dio la orden de matar, quién la ejecutó y por qué, sin explicación ni motivo alguno, destrozaron sus vidas. Mientras tanto, el duelo que debe cumplir una misión psíquica, profunda, -consistente en establecer una separación entre los muertos, por un lado, y los recuerdos y las esperanzas de los sobrevivientes, por otro- está detenido, no ha podido realizarse por la magnitud del crimen cometido, ni siquiera ha aliviado el dolor que persiste como en una herida psíquica por siempre abierta.
Hablamos y escribimos desde las profundidades del trauma vivido, y, por lo mismo, estamos obligados a decir y volver a decir las cosas, a relatar vidas, a penetrar en lo hasta ahora insondable del destino: la muerte, la tortura, el desaparecimiento, aunque al lector ello le parezca reiterativo.
Aberrante es la historia de un tercer caso de este grupo de ejecutados. Nos referimos a José Belisario Carreño Calderón, relatado en el capítulo "Intendencia". Había desaparecido, no estaban en ningún lugar. Por un simple pero, sin duda, brutal trámite su cuerpo había sido enterrado, ¿dónde? La familia tampoco lo supo. No la informaron. De modo que las preguntas reiterativas de si, en verdad, había sido asesinado o estaba aún con vida, las acosarían por más de veinte años.
Con estos casos se inicia lo que el Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación relató sobre las miles de ejecuciones practicadas tras el golpe de Estado. Recordemos sus palabras. "Esta Comisión conoció de casos de ejecuciones practicadas en cumplimiento de una sentencia de muerte dictada previamente o que se dijo se había dictado previamente por un Consejo de Guerra. La Comisión considera estas ejecuciones violaciones de derechos humanos, sin entrar a pronunciarse sobre el problema más general de la legitimidad de la pena de muerte, por cuanto faltaron en estos procesos, cuando efectivamente los hubo, las garantías mínimas de un juicio justo.
También examinó esta Comisión diversas modalidades de ejecuciones al margen de todo proceso. Estas se conocen técnicamente en el lenguaje de las organizaciones internacionales, como ejecuciones extrajudiciales o extralegales.
Entre este tipo de ejecuciones, fue frecuente, durante los meses posteriores, al 11 de septiembre de 1973, el empleo de la llamada "ley de fuga". Las explicaciones oficiales más socorridas entregadas en estos casos, sostenían que los uniformados dispararon contra prisioneros que intentaban fugarse y que no acataron la intimidación del Alto, resultado de lo cual fueron muertos.
Aunque estas explicaciones hubieran sido verosímiles, no se habría justificado que se disparara a matar a quienes se habría podido someter de otro modo. Sin embargo, la Comisión encontró que estas explicaciones eran inverosímiles, en todos los casos de la llamada "ley de fuga", que examinó y lo estimó por lo tanto, como ejecuciones al margen de todo proceso que se pretendiera justificar con una falsa justificación de fuga. En algunos casos aislados, que se narran más adelante, las circunstancias son parcialmente diferentes, pero sin alterar el carácter ilícito de la muerte inferida por la autoridad.
La Comisión también conoció numerosos casos de ejecuciones que no se pretendieron justificar mediante ninguna explicación. Algunas de estas se practicaron en contra de víctimas que estaban físicamente en poder de sus captores." (3)
Sin duda algunos civiles y algunos militares tejieron la trama del poder que habían logrado tras un acto de destrucción, pues lo que sucedió desde ese día en adelante no fueron de ninguna manera actos sin control, sin orden y como eufemísticamente y perseverantemente se han definido como "excesos". Todo tuvo una lógica, todo fue pensado, ordenado y ejecutado. Pues en estas acciones, no sólo actuó personal de las fuerzas armadas sino civiles e instituciones del Estado.
Continuemos con el análisis de lo que sucedió con las demás personas que a través del tiempo y de los años fueron adquiriendo la categoría de ejecutados políticos y no de desaparecidos. ¿Qué pasó con los otros cinco jóvenes detenidos en los alrededores de La Moneda y que fueron conducidos a la Intendencia y luego a la Sexta Comisaría? Todos fueron reconocidos por sus huellas digitales por el Servicio de Identificación del Registro Civil.
Sin embargo, permanecieron como detenidos desaparecidos por más de veinte años.
¿Se montó de este modo en Chile, a horas del golpe de Estado, una maquinaria para matar y hacer desaparecer cuerpos? ¿Se creó una complicidad entre fuerzas armadas, civiles e instituciones del Estado para que en este engranaje nadie se sintiera verdaderamente responsable? Existió, sin duda, desde los primeros momentos, una estructura con una jerarquía, pero para quienes actuaban esa superioridad era muy vaga, sin nombre ni apellido, y hasta el día de hoy no conocemos en detalle su organización, es decir, ¿quién ordenó, quién ejecutó, quién ocultó?
Muchos chilenos, durante todos estos años, una y otra vez, hemos pensado y nos hemos preguntado, ¿qué sucedió?, ¿qué pasó al interior de ellos?, ¿por qué y cómo aviadores, soldados, marinos preparados para defender el honor del país, se transformaron de un día para otro en asesinos, ocultadores de cuerpos, engañadores, mentirosos, ejecutores, cavadores de fosas o expertos en el método de lanzar cuerpos al mar?
En la parte segunda de este libro, donde se entregan los nombres de los que actuaron ese día, el lector podrá unir los antecedentes correspondientes y al reflexionar sobre ello, si lo hace, pueda ser que encuentre alguna respuesta. Acaso los juristas, a través de los años, encontrarán la verdad y harán Justicia. Así esperamos.
Analizando los antecedentes obtenidos en esta investigación sobre las once personas que fueron declaradas como desaparecidas desde el Regimiento Tacna, a los pocos días de haber sido detenidos en La Moneda y que, con el correr de los años, fueron identificadas, después de que sus cadáveres fueron recuperados desde el Patio Nº 29.
El asombro o, mejor dicho, el estupor, es mayor al revisar sus antecedentes en el Instituto Médico Legal. En los casos de Daniel Urrutia Molina y Sergio Contreras Contreras. El Protocolo de Autopsia de 1973 no fue hallado. De modo, que no se sabe ni dónde, ni cuándo encontraron sus cuerpos ni tampoco se sabe el cómo y cuándo fueron sepultados en el Patio Nº 29. Sólo sabemos, ahora, que sus restos surgieron de la tierra en el Patio Nº 29, el año 2000, y que fueron identificados por los médicos forenses del Instituto Médico Legal.
Los nueve restantes, como lo describimos en el capítulo correspondiente, fueron encontrados entre el 18 de septiembre y los primeros días de octubre, muertos, acribillados a balazos en diversos lugares de la ciudad de Santiago.
Los cuerpos de todos ellos fueron llevados al Instituto Médico Legal, en donde se les practicó la autopsia correspondiente. Se les tomaron las huellas digitales. Sin embargo, el Gabinete de Identificación no los reconoció y respondió "Ficha en blanco" o "No se identifica".
¿Quién de este aparato de ejecución y desaparecimiento, dio la orden de no reconocer? ¿Qué médico legista fue capaz de ignorar el cuerpo, la cara, los rasgos de sus colegas, Enrique París Roa y Eduardo Paredes Barrientos, cuyos rostros eran conocidos por todo el país? Ellos eran personas públicas y numerosas veces fueron entrevistados en la televisión y sus fotos reproducidas en los diarios.
¿Y cómo sigue esta historia descrita de muertes, de desaparecimientos entremezclados con los sentimientos y comportamientos más oscuros y perversos que han provocado heridas psíquicas profundas?
Estamos hablando de crímenes y aunque "la cicatriz sea de buena textura" ella permanece indeleble en las personas y en la sociedad por años.
Como ya dijimos al iniciar este capítulo en el Informe entregado por el presidente Ricardo Lagos, las personas que permanecieron en la categoría de detenidos desaparecidos que hemos nombrados, luego de ser trasladas al Regimiento Tacna fueron o habrían sido lanzadas al mar.
No obstante todas las falencias que, sin duda, contiene este Informe, tiene un mérito: desde el día 11 de septiembre de 1973, por primera vez en la historia de Chile, las Fuerzas Armadas se reconocen como responsables de crímenes. Reconocimiento que significa la violación del honor militar, de las leyes de la guerra y de las Convenciones Internacionales que rigen los crímenes contra la humanidad.
Pero la reconstrucción de una verdad integral es difícil y a veces tortuosa. Así el día 12 de marzo de 2001, el Obispo de Talca Monseñor Carlos González entregó al Ministro del Interior, señor José Miguel Insulza, nuevos antecedentes sobre las personas detenidas desaparecidas en el Regimiento Tacna: "fueron fusiladas el 13 de septiembre de 1973 por soldados del regimiento Tacna y después de tres años, sus cadáveres fueron retirados desde una noria, en la que fueron enterrados, para ser lanzados al mar en 1976". Nuevas contradicciones, confusiones o mentiras, pues en el Informe de la Mesa de Diálogo se afirma que la fecha del lanzamiento al mar fue el día 13 de septiembre. ¿Qué ha pasado con los familiares a quiénes el gobierno de Chile les informó que sus hijos-padres o esposos habrían sido lanzados al mar? Sin duda, este es un nuevo desaparecimiento. Ahora definitivo. La muerte es imposible de comprobar. La duda, el desconcierto, la incredulidad y el dolor persistirán para siempre.
¿Por qué apareció en Chile, en pleno mes de Septiembre, de alegría, lo contrario, lo inverso, lo perverso? "La desaparición "una alusión literal", una persona que súbitamente desaparece, se esfuma y aunque puede existir constancia de que fue detenido, no se puede dejar constancia de su destino ulterior. No se dejan señas de su vida, tampoco de su muerte, ni menos de su entierro. "No hay cuerpo de las víctimas", como tampoco hay del delito. No hay cuerpo que testimonie de algún hecho, no hay lugar ni tiempo que contenga la vida. El está oculto y negado" (4).
Pero si no hay una historia más difícil de reconstruir y de contar que esta de los crímenes contra la humanidad, hablar sobre las consecuencias de ellos es un tema aún más complejo y profundo, ya que la violación de los derechos humanos compromete no sólo la trama existencial de un individuo, de una familia, sino también la vida y la historia de una sociedad, de un país, porque el estudio y el análisis de las consecuencias de estos actos, si bien nos han mostrado una clínica de la subjetividad destrozada, -que ha comprometido en lo individual, el sistema biopsicosocial de una persona- es también un trastorno de la interacción de la intersubjetividad, donde es necesario incluir desde un inicio "al otro", en este caso al represor y su sistema. Pero indudablemente es, también, una clínica de la transubjetividad, ya que los crímenes con el tiempo, como lo vemos hoy día, casi treinta años después de acontecidos, abandonaron sus espacios ocultos, sus tiempos detenidos y transcurrirán en todas la dimensiones del ser humano, del país y sus habitantes, permaneciendo para siempre como una lacra en el imaginario colectivo de Chile, país que los vivió y que, de algún modo, aunque intentó olvidar, reiteradamente aparecen en los recuerdos, en la historia sumergida, en la memoria.
Como hemos dicho, "los historiadores, los políticos, los periodistas, escribirán e interpretarán lo sucedido en Chile desde el 11 de septiembre de 1973; nosotros lo hacemos desde la realidad de lo sucedido, relatado y vivenciado por las personas mismas que han vivido este trauma humano y/o por los grupos de trabajo que han tratado de intervenir en estos hechos, con el objeto de superarlos a través del establecimiento de la verdad y la justicia" (5).
Esta investigación pretende ser un aporte desde la historiografía humana del trauma a la construcción de una memoria colectiva común, basada en la verdad de lo acontecido, que es lo único que permitirá reconstruir un proceso de identificación individual y social con el país, con las personas, con la sociedad.
Se nos ha hecho evidente, en el curso de esta investigación, que para alcanzar una memoria colectiva existen un sinnúmero de impedimentos: desde las personas mismas, desde la sociedad, y sobre todo desde el poder, tanto en épocas dictatoriales como en período de transición a la democracia, donde reina la impunidad, el olvido, enemigo irrenunciable de la memoria.
La memoria basada en la realidad, en una verdad integral, certera y objetiva es la que estamos tratando de construir y reconstruir permanentemente para enriquecer la capacidad predictiva, es decir, deducir lo que puede pasar, analizar lo que se observa, decir o prevenir los hechos, o al menos sacar conclusiones que ayuden a construir un futuro. La función predictiva es por tanto, de vital importancia para todo ser humano, pues sólo teniendo la información, el recuerdo, el registro y codificación de los hechos se puede pensar y construir el futuro, y, así, lograr un nunca más.
La memoria forma parte fundamental de la vida psíquica. Ella se constituye como un todo, en base a las demás funciones mentales pero, a su vez, la inteligencia, el pensamiento, la cons-ciencia, la afectividad son interdependientes, y, cada una, con el soporte de la memoria y el lenguaje, supone y comportan a las demás. Todas ellas se forman y se intercambian en el proceso del saber y del conocer, pues el cerebro no es solamente parte de una estructura biológica, sino también parte de una estructura social.
"Sabiendo que toda la información está en las personas, en lo que ellas han vivido y que todas las verdades; la verdad histórica, social y jurídica, tienen como base a la persona protagonista de los hechos y a los testigos, existen sólo dos alternativas: hablar o callar, o silenciar" (6). Al trabajar con las consecuencias de estos crímenes nosotros hemos decidido hablar.
Debemos profundizar en lo sucedido y relatado una y otra vez, y, con el recuerdo y las ideas, construir el pensamiento. El nace de los sucesos, en este caso de la experiencia vivida, que debe quedar ligado a él, como única forma para orientarnos en el futuro y saber verdaderamente prevenirlo.
¿Qué significa en términos médicos trauma? ¿Qué significan los traumas producidos por el hombre, a través de la violencia humana? "La palabra trauma, proviene del griego y significa herida, ruptura". Ella fue tomada por la medicina de la cirugía, de la patología quirúrgica. Nosotros la utilizamos para circunscribir las consecuencias de estos crímenes por la herida psíquica o mental que ellos han provocado. ¿Qué significa en la historia interna y social vivir crímenes contra la humanidad? Indudablemente, las respuestas a estas preguntas apela a todas las ciencias, especialmente las humanas. Nosotros esbozaremos las respuestas desde nuestro ámbito: trabajadores e investigadores en el campo de los derechos humanos y sus violaciones y como profesionales que intentan tratar las consecuencias de los crímenes.
Sin lugar a dudas, lo que vivió todo Chile y, más específicamente, los partidarios del Gobierno de Salvador Allende, las personas que vivieron el bombardeo y el asalto a La Moneda, sus familias y amigos más cercanos, fue una situación límite o extrema, descrita en 1913 por el psicopatólogo y filósofo alemán Kari Jaspers., "como una situación que tiene un carácter inevitable e incomprensible, una duración incierta, un peligro permanente y que provoca una sensación de impotencia total de la persona frente a ella". Esta situación provocó un traumatismo psíquico, es decir, el encuentro brutal entre una situación exterior de peligro extremo -- como la descrita en capítulos anteriores -- y la interioridad de una persona.
El trauma fue provocado por la violencia humana, conscientemente planificada, de modo que la significación más profunda y particular nace de los innumerables mecanismos psicopatológicos que se desencadenaron a través de las múltiples y dolorosas vivencias de miedo, de muerte que se movilizaron frente a una realidad ineludible, en que el principio de la realidad estaba distorsionado, amenazante y era irrepresentable. No existía experiencia previa para enfrentar esta agresión, esta destrucción. Las personas y la sociedad toda fueron conducidas a lo inimaginable, a la confusión, a la ambivalencia, a la incredulidad y a veces al delirio.
Para el estudio de las consecuencias hemos usado un modelo que denominamos de "Salud Mental y de Derechos Humanos". Las tesis se apoyan, por tanto, en las respectivas Convenciones y Declaraciones sobre ejecuciones sumarias, tortura, desaparición forzada de personas, así como también, en los Informes de los Relatores Especiales sobre Impunidad y Reparación.
Desgraciadamente, estos Principios, Declaraciones o Convenciones fueron proclamadas años después que los crímenes habían sido cometidos en Chile. Pero, sin duda, fue lo vivido no sólo en Chile sino en toda Latinoamérica y en otras partes del mundo, haciendo del Siglo XX el más dramático en cuanto a la agresión humana, lo que llevó a elaborar estos instrumentos de derecho internacional. Al leer sus contenidos se hace evidente en qué forma y de qué manera estos principios no fueron respetados y ni siquiera han sido aceptados hasta el día de hoy, al menos para pedir perdón.
Nos parece importante darlos a conocer para asumirlos e internalizarlos. Mencionaremos primero los relativos a una eficaz prevención e investigación de las ejecuciones extralegales, arbitrarias o sumarias, recomendadas por el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, en su resolución de 1985/65 del 24 de mayo de 1989, en él se señala: "los gobiernos prohibirán por ley todas las ejecuciones extralegales, arbitrarias o sumarias y velarán porque todas esas ejecuciones se tipifiquen como delitos en su derecho penal y sean sancionables con penas adecuadas que tengan en cuenta la gravedad de tales delitos. No podrán invocarse para justificar esas ejecuciones, circunstancias excepcionales, como por ejemplo, el estado de guerra o de riesgo de guerra, la inestabilidad política interna ni ninguna circunstancia, ni siquiera en situaciones de conflicto armado interno, abusos o uso ilegal de la fuerza por parte de un funcionario público o de otra persona que actúa con carácter oficial o de una o de una persona que obre a instigación o con el consentimiento o la aquiescencia de aquella, ni tampoco en situaciones en las que la muerte se produzca en prisión. Esta prohibición prevalecerá sobre los decretos promulgados por la autoridad ejecutiva.
Con el fin de evitar las ejecuciones extrajudiciales, arbitrarias o sumarias, los gobiernos garantizarán un control estricto, con una jerarquía de mando claramente determinada, de todos los funcionarios responsables de la captura, detención, arresto, custodia y encarcelamiento, así como de todos los funcionarios autorizados por la ley para usar la fuerza y las armas de fuego.
Los gobiernos prohibirán a los funcionarios superiores o autoridades públicas que den órdenes en que se autoricen o inciten a otras personas a llevar a cabo cualquier ejecución extralegal, arbitraria o sumaria. Toda persona tendrá el derecho y el deber de negarse a cumplir esas órdenes. En la formación de esos funcionarios encargados de hacer cumplir la ley deberá hacerse hincapié en las disposiciones expuestas.
Se garantizará una protección eficaz, judicial o de otro tipo a los particulares y grupos que estén en peligro de ejecución extralegal, arbitraria o sumaria, en particular a aquellos que reciban amenaza de muerte".
Ninguno de estos principios universales se respetaron.
Recordemos además algunas aseveraciones dadas en las Declaraciones y en el anteproyecto de la Convención Internacional para la protección de todas las personas contra la Desaparición Forzada. En el artículo 2, el cual transcribimos íntegramente, se entrega el concepto de Desaparición Forzada de Personas: "Se considera D. E P. la privación de la libertad de una o más personas, cualquiera sea su forma, cometida por agentes del Estado o por personas o grupos de personas que actúen con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado, seguida de la falta de información o de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o de informar sobre el paradero de la persona, con lo cual se impide el ejercicio de los recursos legales y de las garantías procesales pertinentes". Y en el Artículo 4, se señala "Los Estados partes se comprometen a: No practicar o tolerar la Desaparición Forzada. Investigar inmediata y rápidamente, toda denuncia de Desaparición Forzada e informar a la familia de las personas desaparecidas sobre el destino y el paradero de ésta y reparar pronta y adecuadamente los daños causados a las víctimas de un Detenido Desaparecido, descritos en el artículo 24 de esta Convención", el cual dice textualmente "A los efectos de la presente Convención se entenderá por víctima del delito de Desaparición Forzada a la persona desaparecida, sus parientes próximos y toda persona a cargo de la persona desaparecida y que tenga relación inmediata con ella, así como cualquiera que haya sufrido daños al intervenir para evitar su desaparición forzada o para elucidar su destino o paradero".
De modo que esta violación de derechos humanos, además de ser un crimen en sí mismo, constituye un doble mecanismo de tortura: tortura física y mental para el que fue detenido ese 11 de septiembre de 1973, luego ejecutado o hecho desaparecer y tortura psicológica para su familia nuclear y extensa, su grupo o etnia de pertenencia y, con el tiempo, un trauma para todo el país.
Si el gobierno de Chile asumiera lo que se lee en el preámbulo de la Declaración Americana sobre Desaparición Forzada de Personas, a saber "Que la desaparición Forzada de Personas, constituye una afrenta a la conciencia del hemisferio y una grave ofensa de naturaleza odiosa a la dignidad intrínseca de la persona humana, en contradicción con los principios y propósitos consagrados en la Organización de Estados Americanos". No dejaría de exigir toda la verdad y la máxima justicia.
Recordemos que al encontrar los restos de personas que estuvieron por años desaparecidos, se han evidenciado en ellos innumerables lesiones que demuestran las increíbles torturas físicas a que fueron sometidos antes de su muerte y luego del ocultamiento para siempre de su cuerpo.
En el informe de la autopsia, practicada en el Instituto Médico Legal, del cadáver del doctor Enrique París , desaparecido desde que fue detenido en la Moneda por más de veinte años, se expresa: "La causa de muerte fue heridas múltiples de bala, presentando el cuerpo además zonas semi carbonizadas en la cara, región lumbar, manos y piernas" consignándose, además, que dichas quemaduras "pueden haber sido causadas por un soplete".
Igualmente el informe de la autopsia practicada el 18 de julio de 1995 al cadáver del doctor Eduardo Paredes, informa que "la causa de muerte fue un traumatismo de cráneo, tórax y pelvis por balas. Traumatismo Torácico y de extremidades superiores e inferiores por golpes. Traumatismo generalizado por acción del fuego. Lesiones de tipo homicida" .
Iguales o parecidos antecedentes se encuentran en los Protocolos de Autopsia de todos los demás: los torturaron antes de matarlos. ¿Quiénes? ¿Por qué? ¿Qué desmesura humana permitió tales brutales e indignos comportamientos?
Los familiares de estos detenidos desaparecidos así como los de los cientos de desaparecidos que existen en Chile, sufren hasta el presente por ser "la desaparición un crimen de delito continuado, que sólo puede resolverse cuando se esclarece la suerte que han corrido las víctimas" una tortura psicológica permanente. Ahora, según dicen fueron fusilados, ocultados en una noria y luego lanzados al mar. ¿Cuándo en verdad? ¿El año 1973, como se informa en la Mesa de Diálogo, o en 1976 como hace saber un Obispo?
Ellos, los responsables, siguen ausentes y por esto mismo la herida, se instala en todas las funciones mentales y, muy especialmente en la representación o imagen mental, así como en el tiempo psíquico, alterando la existencia, las experiencias y los comportamientos de los familiares, de la sociedad.
Para algunas familias el responsable de crimen ausente puede ser simbolizado en una sola persona, pero resulta que, al haber sido la desaparición forzada una política institucional, este personaje tiene múltiples representaciones mentales, de acuerdo a la realidad o a la fantasía del familiar:
Los que dieron las órdenes.
Los que los detuvieron, raptaron o secuestraron.
Los que los mantuvieron detenidos.
Los que los torturaron en esos recintos militares.
Los que determinaron su muerte y ulterior desaparición.
Los que lo trasladaron al lugar donde escondieron sus cuerpos.
Los que ejecutaron las maniobras para hacerlos desaparecer.
Los que negaron, niegan, ocultan, mienten, tergiversan la verdad.
Los que defienden la impunidad de estos crímenes. (7)
De todos ellos, sólo estas dos últimas categorías tienen rostro, lenguaje y comportamiento visible.
Esos múltiples personajes están ausentes de la realidad, del conocimiento objetivo. No tienen figura ni rostro, sin embargo en el mundo de los familiares, hijos, padres, hermanos, siguen adquiriendo en la fantasía o en el sueño distintos rostros o comportamientos, la mayor parte de las veces, siniestro. Todo ello ha producido y sigue produciendo hasta la actualidad, dolores y sufrimientos mentales permanentes.
Porque el trauma y los sufrimientos de los familiares de ejecutados cuyo cuerpo no fue entregado o de los desaparecidos, tiene indudablemente, una gravedad difícil de conmensurar. Al no conocer el familiar la verdad de lo ocurrido, verdad que no es solamente la del reconocimiento por parte del Estado de la categoría de ejecutado o detenido desaparecido de su familiar sino, la verdad que se refiere al "derecho a saber" (8), lo que sucedió con él en sus más mínimos detalles, surgen las preguntas perseverantes de ¿qué pasó con él?, ¿cuáles fueron sus últimos momentos, sus últimos pensamientos?, ¿qué le dijeron, qué respondió?, ¿por qué lo mataron?, ¿dónde está? Se repiten una y otra vez, construyéndose en los pensamientos y en la imaginación escenas a menudo macabras, que no tienen respuesta.
Con el ocultamiento, la falta de información, o la negativa a reconocer la privación de libertades, en suma con la impunidad: "el material que el conocimiento incorpora, analiza y sintetiza es erróneo, y por lo tanto, incierto. La verdad no existe y sin ella, no es posible construir un mundo interior estable. La duda, la desconfianza, la incertidumbre llegan a constituir el todo de la vida. El universo de la subjetividad se desestructura y las relaciones humanas se pervierten y se impregnan de temor... Con el desconocimiento y la creación de fantasías siniestras en el proceso del conocimiento predomina la confusión, la historia sumergida, lo oculto, lo incierto. Atentados contra la vida quedan para siempre en el misterio y son siempre indescifrables. Los análisis de la realidad no pueden tener índices claros y objetivos. Los pensamientos, los recuerdos no pueden tener un curso normal sin la verdad y predomina la ambivalencia en los razonamientos".
"Más grave es aún esta inestabilidad y ambivalencia cuando lo desconocido y no resuelto está ligado al problema de la vida y la muerte, a las circunstancias de la muerte, o , lo que es peor a no saber más de la vida, de lo que pudiera haber pasado, como sucede en los pensamientos de los familiares de los desaparecidos. Ellos están cargados de extrañeza, de horror, de fantasías y recuerdos perversos. Cuando los familiares ignoran o dudan lo que aconteció, y sigue pasando, cuando se desconocen los hechos, la situación se vuelve extrema límite. Más peligrosa es esta situación cuando se sabe que otros sí conocen la verdad, pero la niegan, y la ocultan" (9).
Los psicodinamismos alterados se entrelazan con el concepto fundamental de los derechos humanos, cual es el respeto de la dignidad humana. Si bien el concepto de dignidad humana tiene varias lecturas, nosotros, como médicos, la analizamos desde nuestra perspectiva: el estudio del hombre en su totalidad y existencialidad. Ella fundamenta la esencia, lo único, el más de cada uno, en el desarrollo y expresión de las funciones mentales que le dan su propia individualidad.
La tortura psíquica ha representado la extrema crueldad que sobre la víctima, su familia, ha ejercido el Estado, responsable de la desaparición de personas. Esta experiencia deja sin palabras a los familiares para comunicar lo vivido. No existe lenguaje, lo que predomina es el estupor o el silencio.
Aquí el lenguaje tiene una múltiple dificultad: en la comprensión por la persona afectada de lo incomprensible, en la explicación de lo sucedido, en la dificultad de comunicar algo que no se logra verbalizar, que no se puede expresar, ni mucho menos elaborar en términos psicopatológicos. Como lo inconcebible es indescriptible, cuando está ligado al horror, el lenguaje resulta débil, insuficiente, no existen palabras para expresar lo vivido, para nombrar el dolor, los sufrimientos, las penas, las rabias, la impotencia, las culpas. Así lo hemos comprobado en la mayoría de los familiares.
Con el secuestro, la desaparición y la permanente impunidad, el afuera permanece profundamente alterado, la prueba de la realidad no existe en el sistema del conocimiento. De este modo, el campo de la percepción está cargado de agresión y de terror. La muerte es una realidad cierta, todos los estímulos tienen una connotación destructiva.
La psicopatología clásica ha descrito los trastornos de la percepción: ilusiones, alucinaciones, alucinosis, como trastornos provocados en el funcionamiento mismo del cerebro. En las personas que han vivido la violencia-agresión de la detención, tortura, muerte o desaparecimiento de un familiar, los comportamiento de los responsables: de negación, ocultamiento, desprecio, burlas -recuérdese los dichos de Pinochet- han sido descritos como "irreales", "alucinantes", "como vivir un delirio". En estos casos es en el afuera donde se produce el caos brutal, la desestructuración, la anormalidad de la percepción.
De este modo, la percepción y el registro de lo que acontece en el "exterior" están disociadas y son incomprensibles, desde el inicio y en todo el proceso del trauma, transformado en continuo a causa de la impunidad. Toda la información que viene del exterior es tan pronto verídica, pero incomprensible, o comprensible pero irreal. No hay registros cognitivos previos. En la mayoría de las personas que hemos atendido, la representación psíquica de lo experimentado está pervertida, fragmentada, a menudo irreal. La hermana del doctor Eduardo Paredes describe así su sufrimiento:
"Uno despierta cada mañana con la sensación de que había tenido una horrible pesadilla, luego venía el tremendo despertar y ver que esa pesadilla era una horrible realidad" (10).
Por su parte, la memoria presenta trastornos muy particulares. En la mayoría de las personas hemos comprobado que los mecanismos de retención de la memoria parecen haber predominado sobre el olvido, posiblemente por la enorme carga afectiva con que se vivió la muerte o el desaparecimiento.
El desvanecimiento de la huella, de los dolores y sufrimientos vividos, con el paso del tiempo tampoco se produce, ya que aquí el trauma esta ligado al problema, como dijimos, de la vida y la muerte, a la incertidumbre frente al problema esencial de la vida: ante la posibilidad de la muerte, uno de los sufrimientos mas dramáticos de estos familiares, como ya lo dijimos, es el no poder realizar un proceso de duelo normal, viviéndose en estos casos un "duelo suspendido o congelado en el tiempo".
Uno de los hijos del doctor Enrique París, relata: "Días después, cuando nos llamaron para decirnos que desde el punto de vista de ellos la identificación estaba confirmada, sentí que me desgarraba. Era revivir los recuerdos que tenía hasta el año 1973 y constatar, por otro lado, que en ese momento estaba finalizando el duelo. Ahí tomé conciencia que mi duelo había durado veintiún años.
Estos trastornos de la memoria, este recuerdo grabado al infinito es una de las causas de la pérdida del vínculo humano que pervierte el valor primordial de la confianza en el otro.
Por otra parte, el tiempo psíquico no tiene medida; tal vez es lo único que no tiene calendarios, ni horarios, ni años ancestrales. La vivencia del trauma está ahí, nítida, grabada, actual, presente, intocada, con su enorme carga afectiva. El asesinato o el desaparecimiento no tiene tiempo, no tiene antes ni ahora y con la impunidad no tiene tampoco futuro. El registro mnésico, atemporal, unido a la imaginación y al pensamiento, tan pronto recuerda como crea fantasías o fantasmas. La hija del doctor Jorge Klein, escribió en 1998 una carta "Carta a mi padre desaparecido": "Te escribo ahora una carta imposible. Imposible por el simple e inevitable hecho de que estás muerto. No es reciente este hecho, pero sólo en 1994 ha sido dicho por la Ley. Mientras tanto han pasado cosas absurdas, no teníamos nada que certificara tu muerte, ¡Nada! No había fecha, ni circunstancia exacta. Ni cuerpo. Todavía no hay". "Es imposible hablar de la vida después de tu desaparecimiento. Largo tiempo de duelo para construir el vacío entre el término desaparecimiento y el hecho: muerte". Resulta ahora que con el Nº 91, el doctor Georges Klein Pipper aparece en el listado entregado por la Mesa de Diálogo como lanzado al mar el día 13 de septiembre.
Con el trauma vivido y la impunidad, la afectividad que confiere siempre una sensación subjetiva a cada vivencia, ha quedado fijada en el polo negativo de las emociones: el dolor, la tristeza, lo desagradable, la repulsión, la fobia, lo perverso, penetran en los pliegues de la interioridad.
Importante, por último, es señalar que en un gran número de casos de familiares de detenidos desaparecidos y ejecutados políticos se han encontrado una serie de enfermedades orgánicas y trastornos psicosomáticos, lo que demuestra la enorme fragilidad física e inmunológica que la tortura psíquica les ha provocado con el tiempo. En este aspecto ya existen innumerables trabajos científicos que han comprobado esta íntima relación entre el trauma psíquico y el daño orgánico.
Tenemos la esperanza de que al leer este texto se comprenderá la razón por la que el mundo de los derechos humanos, frente a estos crímenes, no callará ni menos olvidará jamás.
Notas:
1. "Crímenes e Impunidad. La experiencia del trabajo médico, psicológico, social y jurídico en la violación del Derecho de la Vida. Chile 1973-1996". Codepu DIT-T. Serie Verdad y Justicia, Vol. 2, pág. 60.
2. "Persona, Estado, Poder". Vol I., Ediciones Codepu, 1989, pp.125
3. Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, Tomo I.
4. Pilar Calveiro "Poder y desaparición". Ediciones Coligue. SRL. Buenos Aires. Argentina.
5. "Derechos Humanos: sus huellas en el tiempo. Una experiencia de trabajo en Derechos Humanos y Salud Mental en una zona del sur de Chile". Víctor Espinoza, Paz Rojas, María Luisa Ortiz Rojas. Serie Verdad y Justicia. Vol. 8 1999.pag.l7
6. "Persona, Estado, Poder. Estudio sobre Salud Mental". Vol. II, Chile 1990- 1995. Codepu.
7. Pilar Calveiro. Ob.Cit.
8. "Informe Final Revisado acerca de la cuestión de la impunidad de los autores de violaciones de derechos humanos". 1996. Louis Joignet.
9. Paz Rojas, carta dirigida el 9 de julio de 1992, al Relator Especial Contra la Impunidad: Louis Joignet.
10. "Ellos se quedaron con nosotros". R. Maldonado, L. Moya, M. Romero, A. Vega. Colección Septiembre, Editorial LOM, 1999.
Editado electrónicamente por el Equipo Nizkor- Derechos Human Rights el 11sep03
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