Mostrando entradas con la etiqueta Cartas de hijxs. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cartas de hijxs. Mostrar todas las entradas

jueves, 28 de agosto de 2014

La imaginación herida. O termitas en la pata de la silla del obispo.

La imaginación herida
HOMENAJE A EUGENIO RUIZ TAGLE
A la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos


Josefa Ruiz-Tagle







Cumplí 26 años, la edad que tenía mi papá, Eugenio, al morir, en el verano de 1999 en el balneario de Calafquén. Mi hijo Lucas tenía entonces cuatro meses y a mis días prácticamente los llenaban las tareas de la lactancia y el juego. El tiempo que me quedaba lo usé para pensar y tomar notas sobre el impacto que tuvo en mi vida y la de mi familia la violencia en la historia reciente de nuestro país. En un principio, hice este ejercicio pensando en entregar el resultado a mis compañeros de universidad en el Diplomado de Crítica Cultural de la Universidad Arcis. Sin embargo, la autorreferencia nunca ha sido bien vista en los ambientes académicos y el mismo pudor del que trata el texto fue más grande de lo sospechado: no sólo no lo mostré ahí sino que no se lo mostré a nadie ni lo saqué del disco duro de mi computador durante casi dos años hasta que hace algunos días decidí que fuera leído en el contexto de un homenaje a mi papá organizado por quienes fueron sus amigos. Desde ese verano las cosas han cambiado un poco. La detención de Pinochet en Londres gatilló una avalancha de querellas en los tribunales chilenos y la adopción de una fórmula en los medios de comunicación para tratar "el tema de los derechos humanos". El silencio del que trata este texto ya no es el mismo, es otro.

1.
Escribo sobre lo único que tengo ganas de escribir en una época de retraimiento a lo privado. Es una suma de historias personales, lamentos, percepciones sociales y citas culturales. Escribo sobre el pensamiento doloroso, el pudor del dolor y el silencio. Sobre la inadecuación y la desadaptación.
Al escribir rescato la invitación a nombrar "lo que pasó" -y sus réplicas-, a buscar un lenguaje para expresar una realidad solitaria e irreductible, pero que concierne al mundo público.
2.
La memoria es el recuerdo de algo. La facultad de recordar y la práctica de hacerlo. La experiencia de la imaginación herida tiene su raíz en el pasado, pero no enfrenta el "ahora" del recuerdo con el "antes" del objeto recordado. Es un caudal de pensamiento sujeto a la metamorfosis y a las inclemencias del tiempo. Circular, desaparece en las manos del olvido, para reaparecer siempre como un virus, cuando bajan las defensas del organismo. Como un trauma, se origina en el pasado y se alimenta de las heridas del presente.
3.
Hay quienes pensaron que al dejar de nombrar la realidad de la violencia ésta dejaría de existir y no repercutiría con su golpe sobre mi mente y mi cuerpo de niña. Pero  se hace efectiva la violencia, también existe en la omisión, el eufemismo y la mentira. Multiplica su potencial destructivo al dejar que el cuerpo sufra toda la sintomatología negándole a la mente un diagnóstico.
4.
La violencia de los colegios, que enseñan la historia de Chile saltándose olímpicamente la de los últimos treinta años. La violencia de los medios de comunicación, que degradan lo terrible al hacer equivaler el nuevo hallazgo en el descubrimiento de cuerpos de detenidos desaparecidos con el gol de la jornada, pasando en voz de Cecilia Serrano "a un tema más alegre". Porque nadie quiere que nos vayamos a dormir asustados.
5.
No crecí en un medio de izquierda ni en absoluto ideologizado. En el colegio donde estudié, lleno de pequeños momiecillos, podía percibir que mi familia era diferente a lo que a mi me parecían "todas" las demás familias, por estar marcada por la persecución y la muerte. Había que mentir por recomendación de mis mayores. El mundo era peligroso y lo que había ocurrido podía volver a ocurrir. Mis compañeros de curso, de seis o siete años, ya eran posibles espías de los asesinos de mi padre que siempre estarían observando. No hablar, esa era la norma.
6.
La desadaptación no era un problema de la conducta, racionamiento típico de la sicología educacional, sino un problema de la conciencia. La escuela no ayudaba a entender un mundo de monstruos.
7.
En la última Feria del Libro se presentó el documental de Silvio Caiozzi "Fernando ha Vuelto" sobre el reconocimiento de uno de los cadáveres encontrados en el patio 29. Cada uno de los cerca de 200 espectadores vive la experiencia de retraerse del espacio público -copia feliz de la transición: banalizador del intelecto y celebratorio del mercado- que es la Feria del Libro y se adentra, a través de la narración -patética- de la historia de Fernando, en la propia relación dolorosa que cada uno tiene con la represión. Experiencia amparada por la oscuridad de la sala, la calidad de espectadores, la pretendida soledad de cada uno frente a la pantalla. Cuando la película acaba todos estamos llorando. Por Fernando, por su madre, su mujer y su hijo. Por el país y la historia que nos ha tocado vivir. Por nosotros mismos.
Cuando se encienden las luces nos apuramos en limpiarnos las lágrimas y guardamos silencio. Espiamos de reojo la reacción de los demás y escondemos la propia. En lo que demoramos en recuperar el habla pensamos que no tenemos palabras, no tenemos discurso que nos salve del silencio. No sabemos qué decir. Sólo porque hay que decir algo decimos "terrible", "espeluznante", como ha sido durante años nuestra propia imaginación.
El silencio va haciendo de a poco el efecto deseado. Nos maquilla el rostro, preparándonos para salir de la sala y regresar a la fiesta de la Estación Mapocho.
Preferimos no hablar, es cierto, pero tampoco sabemos cómo. Nos sentimos identificados con la madre de Fernando, esa mujer a la que de pena le dio hemiplejia y perdió la capacidad de hacerse entender.
8.
El silencio, que cubre como un manto la violencia de nuestra historia, es en parte como dice Nelly Richard "una resistencia a la ley que nos obliga a la articulación fonética del sentido". Es también una resistencia al destino fatal de la palabra en el mercado: convertirse en "una verdad entre otras". Pero es además producto del pudor y del bloqueo, de la incapacidad para nombrar y de la introyección de una norma muda. La falta de lugar para el recuerdo es el resultado de un proceso de retroalimentación del silencio entre los espacios públicos y privados.
9.
Así mismo como la violencia, según Francesca Lombardo "desmantela toda idea de orden, de medida y (...) hace por lo tanto toda relación improporcional", la imaginación de la violencia está desprovista de la posibilidad de verse reflejada de manera simple en el lenguaje. Inconmensurable, se convierte en autista al chocar con las barreras que la cultura le impone a la expresión y de ella también es imposible "rendir cuenta" .
10.
El silencio se vuelve aún más patético al conocer su fatalidad: ser interrumpido apenas por pequeños lapsus que no serán más que nuevo material para el olvido. Esto sucede, por ejemplo, cuando la palabra, que supone un enorme esfuerzo emocional, no encuentra respuesta alguna y la voz, aún temblorosa, tiene como destino nuevamente el silencio, esta vez del medio social.
11.
A los 12 años me fui enterando, a través de una serie de documentos, de cómo había muerto mi papá. Documentos literalmente escondidos en la casa de mi abuela, encontrados por mi como ayudada por un radar. Aún hoy me impresiona que se me haya ocurrido buscar en un marco detrás de una foto, donde aparecía yo de dos años bañándome en la tina. Como si detrás de mi mirada angélical tuviera que esconderse algo terrible. Le faltaba un ojo. Le habían arrancado la nariz. Tenía profundas quemaduras en la cara. Tenía el cuello quebrado. Tajos y heridas de bala. Los huesos quebrados en mil pedazos. Le habían arrancado las uñas de las manos y los pies. Y le habían dicho que me iban a matar a mi y a mi mamá.
Frases que leídas con resistencia y horror quedaron tatuadas en mi mente. Con gran esfuerzo, logré silenciar su repetición insistente en el pensamiento. Para poder disfrutar de la vida cotidiana tuve que bloquear el recuerdo. Este silencio intrapersonal se proyectaba sobre las relaciones interpersonales: no le dije nada a nadie hasta muchos años después y aún hoy las he repetido pocas veces.
12.
El conocimiento de la tortura me dio una lección sobre el corazón humano que me acompañará para siempre.
13.
No existe, en el caso de la memoria de la violencia, una guerra por la palabra y el sentido. Más bien funciona como una tiranía del sentido. Una voz única que se levanta -la del consenso- sobre un área devastada por la violencia. Su éxito, y oportunismo, consiste en haber surgido antes de la recuperación de la voz de los sectores sociales resentidos, y haber convertido en inaudibles sus tenues intentos por hablar, subiendo el volumen de sus jingles.
14.
Existe una retroalimentación continua entre el silencio como requerimiento del consenso y parte constitutiva del pacto en el que se funda nuestra democracia y el olvido, como forma defensiva de bloqueo mental para intentar, con o sin éxito, evitar el dolor y la imaginación mórbida. En el silencio y el olvido existe siempre el riesgo de que la aparición desprevenida del duelo nos enfrente con los otros y con nosotros mismos con una nueva brutalidad. Que hayan piedrazos, golpes, suicidios y asesinatos. Que vuelvan toda la pena y la rabia como si no hayan estado haciendo otra cosa que crecer en algún lugar del inconsciente.

15.
Sueño que caminamos mi abuela, mi bisabuela y yo, vestidas de luto, por el desierto de atacama. El sol sobre nuestras cabezas nos hace arrastrar los pies de agotamiento. Tras nosotros va un robot al que no le cuesta caminar porque tiene ruedas, sonriendo.
16.
El duelo se arrastra a través del tiempo, inmodificado, casi estático, sin más que pequeñas variaciones de intensidad. No es algo que haya pasado (en mi caso y el de muchos de mi generación), es algo que pasa, pasa en nuestras mentes y en nuestras familias, nos convierte en desadaptados entre desadaptados, en fingidores, en el mejor de los casos, en termitas en la pata de la silla del obispo.
17.

"Es parte de las culturas humanas saber manejar simbólicamente la muerte. De lo contrario la muerte sería eterna, inolvidable, se reproduciría en los parientes; cada muerte asesinaría todo el entorno (...)" José Bengoa, Carta Abierta a Eduardo Frei Ruiz-Tagle

Mi abuela viste de luto hace 26 años. Prometió terminar con el luto cuando acabara la dictadura, pero no lo hizo. El duelo no ha acabado y el negro, signo silencioso, viene a ocupar el lugar dejado por la palabra.
18.
Que haya sido una maquinaria extranjera la que logró el fin de la omisión sistemática de los medios de comunicación chilenos sobre la relación entre Dictadura Militar y degeneramiento moral y político es, en parte, sintomático de la proyección del silencio intra e interpersonal sobre el espacio público en forma de desmovilización.
19.
Mi abuela me contó que las mujeres que recibieron su testimonio en la Comisión Rettig, le dijeron que ella y mi mamá eran las primeras personas entrevistadas que no lloraban al contar su historia. Mi abuela estaba orgullosa de haber podido guardar la compostura en el dolor, de nunca haber llorado en público. Su conciencia "aristocrática" consideraba vergonzosas las demostraciones públicas de afecto y eso me fue transmitido. Si no podía llorar, era mejor no hablar del todo, porque una cosa podría llevar a la otra y quedaría expuesta a la impudicia.
20.
-Tú eres hija de Brunner. ¿Por qué entonces tu apellido?
Con seriedad en el rostro y una mirada que siempre debe caer en los ojos del interlocutor:
-Porque mi papá murió poco después de que yo nací. Brunner es mi papá adoptivo.
-¿De qué murió?
-Lo asesinaron los militares.
Este pequeño diálogo, que he repetido un centenar de veces, ilustra cómo me veo obligada a comunicar una información para mi terrible a cualquiera que se le ocurra preguntar.

21.
Estando obligada a interrumpir con mi información de lo terrible la ligereza de ánimo de las conversaciones post- dictatoriales, me resiento, odio la ligereza, le doy una nueva vuelta de tuerca a mi proceso de desadaptación.

22.
Ahora mismo, mientras escribo debo hacer un enorme esfuerzo para vencer el pudor. Qué sentimentales y obvios parecen mis lamentos. Sin embargo, a pesar de no sentir "la culpa de olvidar" de la que habla Moulian, simplemente porque no es posible olvidar, me siento, como se ha visto, cómplice del silencio. Si parece este un lugar inadecuado, presento mis motivos para pensar que no lo es tanto: ningún lugar es adecuado. La inadecuación es un elemento central de mi relato.
23.
Me contaron cuando niña que mi papá había muerto fusilado. El certificado de defunción corcheteado a la libreta de familia decía así: muerte por impacto de bala. En el fusilamiento que inventó mi familia, o en el que yo misma inventé según mi imaginación de "Tardes de Cine", un pelotón de soldados disparaba al unísono sobre un hombre con los ojos vendados. Este acto hacía que todos se sintieran inocentes pues nunca sabrían si había sido su bala la que había dado muerte al hombre. Así también en mi mente era el sistema el que se dejaba caer sobre mi padre; eran hombres sin rostro, que de a uno eran inocentes y que sólo sumados se volvían asesinos, los que lo habían matado.
Cuando me enteré de los detalles de su larga agonía durante su detención en la Base Aérea de Cerro Moreno y en la Cárcel de Antofagasta, tuve que ocupar toda mi imaginación para lograr representarla (no había un símil en "Tardes de Cine"). Imaginé, y lo sigo haciendo, esas sesiones de tortura y todos los posibles rostros de sus torturadores y asesinos.
24.
Los dogmas cristianos sirven para explicarse la brutalidad con la que actuaron torturadores y asesinos: si el diablo existe, ellos son sus hijos y si el alma existe, ellos no la tienen. Pero para el pensamiento laico la realidad es menos fabulosa y más terrible, no hay un Dios a quién culpar, a quién acusar de irresponsable. La brutalidad no es más que un producto de la cultura y la naturaleza, una posibilidad ofrecida por la condición humana.
25.
Me veo a los siete u ocho años leer una revista en la que describen cómo a una mujer detenida por la DINA le introdujeron ratas vivas en la vagina. Me veo dando vuelta páginas y páginas de declaraciones de tortura. Me sudan las manos y siento cómo me sube la sangre a la cabeza. Ya no quiero leer lo que he escrito aquí, ni siquiera para corregir la ortografía. Sueño que bombardean el Arcis y se me abre la herida de la cesárea. No le hablo a nadie de lo que escribo y dudo de mi capacidad de mostrarlo alguna vez.
26.
Cuando nació mi hijo supe que él heredaría esta historia de violencia. Me puse a llorar porque supe cómo mi abuela había querido a mi padre y cómo mi padre me había querido a mi. Cómo cada uno desea poder proteger a sus hijos del sufrimiento y la brutalidad. Y como, de forma más o menos radical, todos fracasaremos. Algún día mi hijo Lucas llorará por su abuelo que murió a los 26 años, sentirá rabia, tomará partido y hará imposible la reconciliación de nuestra sociedad.
Los hijos y los nietos de los asesinos y sus amigos heredarán argumentos que justifiquen los crímenes y nuestros hijos heredarán la imaginación herida.
Enero 1999, Calafquén

Relacionado

Carta abierta a Arellano Stark. Por Josefa Ruiz-Tagle.

22 de octubre de 2008 Hoy se cumplen 35 años de la muerte de mi padre
 
"¿Quién lo mató?" "¿Quién estuvo ahí, en Antofagasta?" Así fue como me enteré de la existencia de Sergio Arellano Stark.

La historia es ésta: en octubre de 1973, durante 12 días, Arellano viajó por Chile con Sergio Arredondo, Pedro Espinoza, Marcelo Moren Brito y Armando Fernández Larios, entre otros, con la misión de "agilizar y uniformar criterios sobre la ‘administración de justicia’ para los prisioneros políticos". Y en cada ciudad en que aterrizaron desplegaron una maquinaria de tortura y muerte.

Eso lo supo mi familia hace 35 años. Desde 1985 lo sabe también el mundo entero, gracias a la investigación de Patricia Verdugo publicada en el libro "Los zarpazos del puma". Pero el líder de esta Caravana de la Muerte "no sabía nada".

Según él, los culpables de la masacre eran "conscriptos que se nos fueron de las manos, muchachos de 19 ó 20 años" (Arellano en entrevista con "Ercilla", 1999). Y algunos creyeron sus mentiras descaradas.

Pero hoy la justicia ha dictado su sentencia: culpable. Más vale tarde que nunca. Ni perdón ni olvido. Y si a alguno esto le parece nada más que un viejo eslogan, le cuento por qué a mí me hace sentido:

- Porque la justicia no perdona: da al criminal lo que el criminal se merece de acuerdo a la ley. Y si no, no es justicia.

- Porque no hay motivos para perdonar. Ni siquiera Dios, el padre, según el dogma católico, perdona a aquellos que no han hecho penitencia ni se han manifestado arrepentidos.

- Porque un país que olvida resplandece como una mente sin recuerdos: vacío, autómata, muerto, sin pasión ni identidad.

- Porque recordar a las víctimas de la violencia es un imperativo ético, una forma de trabajar para que no vuelvan a perderse la legalidad, la cordura y el respeto. Sin hablar de la compasión también perdida.

- Porque de la verdad y la justicia depende la dignidad de la memoria de las víctimas.

Hoy se cumplen 35 años de la muerte de mi padre. Por primera vez, Arellano fue condenado irrevocablemente a seis años de presidio efectivo, por el homicidio de cuatro jóvenes socialistas.

Es poco, es cierto, pero es un comienzo. No sería extraño que Arellano, quien además de criminal despiadado es tremendamente cobarde, simule una "grave enfermedad" para eludir la cárcel.

Lo que no podrá volver a eludir es la verdad de lo ocurrido. Ya sea en Punta Peuco o el Hospital Militar tendrá que convivir con esa verdad. Y esperar los otros fallos, los que vienen, en compañía de su siniestra conciencia. Las causas por los crímenes del norte están a punto de cerrarse.

Cuando eso ocurra, yo misma me encargaré de convocar a todos quienes se sientan víctimas de la Caravana de la Muerte, para celebrar juntos el tropiezo de la impunidad.


 .
      

viernes, 17 de junio de 2011

KAOSENLARED.NET -- La derecha chilena sin escrúpulos.

KAOSENLARED.NET -- La derecha chilena sin escrúpulos.



La derecha chilena sin escrúpulos.
En el Parque por la Paz Villa Grimaldi, fueron lanzados panfletos denigrantes poco antes de la apertura de puertas por el Día del Patrimonio Cultural Chile 2011.
Felipe Henríquez Ordenes | 6-6-2011 
www.kaosenlared.net/noticia/derecha-chilena-sin-escrupulos

Panfletos denigrantes que desconocidos lanzaron este domingo 29 de mayo, poco antes de la apertura de puertas por el Día del Patrimonio Cultural Chile
No es fácil hacer un escrito, cuando encuentro noticias como la sucedida en el Parque por la Paz Villa Grimaldi, ex centro clandestino de detención y torturas de la DINA, por unos panfletos denigrantes que desconocidos lanzaron este domingo 29 de mayo, poco antes de la apertura de puertas por el Día del Patrimonio Cultural Chile 2011.

Estos panfletos contenían expresiones contrarias a la existencia de este sitio de memoria histórica y donde se escribió el siguiente mensaje: “Villa Grimaldi es sólo patrimonio político no tiene nada que ver con cultura. Con lo que gastan aquí alimentan y visten a miles de niños huérfanos que lo necesitan de verdad y no malgastando dineros adorando muros y piedras falsas.”
Es muy difícil referirse a los sucesos del 11 de septiembre de 1973, dejando fuera las propias pasiones. Es así porque se trata de un acontecimiento traumático para una gran mayoría de chilenos, cuyas consecuencias debemos vivir cotidianamente hoy. El Golpe de Estado ocurrido hace ya más de tres décadas, y no es un hecho histórico sepultado en el pasado, por el contrario, el presente económico, político y cultural del Chile actual no se explica sino por aquella fecha.

Como en una mala novela de terror, el amnésico Chile de hoy vuelve su mirada a las luminosas vitrinas del consumo suntuario, a las rutilantes pantallas de plasma, mientras en el patio desentierran osamentas de algún vecino o pariente. Son los muertos silenciados por esta historia macabra que todavía persiste, obstinada, en ocultar cadáveres en el ropero. El once de septiembre no ha terminado en nuestro país, está presente en cada línea de la Constitución, en el opaco gris de los cuarteles y comisarías; en la risa socarrona del “honorable”, y en muchos “hombres de negocios”. El once de septiembre sigue vivo en quienes tanto le deben al General.

El crimen cometido en Chile no atañe, tan sólo a los dramáticos sucesos conocidos por todos. El verdadero mal está todavía con nosotros, en nuestra vida cotidiana, en la injusticia naturalizada y aceptada como desesperanza. La verdadera traición a Chile es haber impedido que, por vez primera, aquel hombre y aquella mujer humilde, hubiesen comenzado a construir su propia dignidad en sus hijos, y en los hijos de sus hijos.

En un sentido último, Augusto Pinochet Ugarte, fue la mano tiránica que interrumpió la maravillosa cadena de la vida. Como Caín, el general asesinó a sus hermanos, ofendiendo al espíritu que late en el fondo de la historia humana. Sus obras, su herencia lamentable ya la conocemos: generaciones de chilenos condenados al infierno de la ignorancia, la pobreza, el luto y la indignidad. En el Chile del presente no hay paz para los muertos como tampoco la hay para los vivos.

Más allá de las complicidades de la mentira para ocultar la naturaleza de aquella tragedia; por mucho que se esfuercen algunos falsos profetas en exorcizar las cenizas, enseñando la resignación; hay un pueblo silencioso y paciente que encarna el advenimiento histórico de otro mundo.

Solo quiero expresar que siento una profunda lastima y pena al ver que aún quedan de aquellos especímenes que comen de lo que otros sufren, lloran, y padecen. Es realmente triste ver y comprobar que con toda maldad no tienen ningún respeto por el dolor ajeno. Mientras existamos en este mundo habrá miseria humana, soberbia, inmoralidad e ignominia, sin embargo hay que admitir que mientras haya esperanza y amor en este planeta se puede, y es que con un solo ser en este mundo que quiera dar sin esperar y que esté dispuesto a ofrecer sin pedir que tienda la mano sin restricción es suficiente, para levantar una muralla de amor y humildad.

Un sincero homenaje a las víctimas del holocausto, para que por fin se revelen dónde están nuestros caídos, hacer justicia a los sobrevivientes torturados, y a nosotros, los hijos de una segunda generación es menester no olvidar el pasado, y hacer justicia, y mientras no la haya, difícilmente habrá perdón y olvido.

Mi padre estuvo y fue víctima, yo estoy con él y también soy víctima, y estaré acá firme junto a todos aquellos que fueron y siguen siendo víctimas, y así construir un futuro mejor.

Felipe Henríquez Ordenes.
Ingeniero en Software.
Twitter : @PipeHenriquezO

jueves, 16 de junio de 2011

CARTA A MI MADRE

Querida Piti:

Hoy nuevamente es 7. Que es un número de la suerte en la cultura popular, mientras que a mi se me hace pesado mirarlo, nombrarlo y escribirlo. Han sido tantos... 27 para ser más precisa. Y calan hondo los recuerdos, los pocos recuerdos que me he inventado. De tu rostro y tu sonrisa, de tus manos. De tus abrazos que me rodean y tus palabras que me alientan. Y en el intento de acercarte a mi, de tenerte como no te tuve, como no dejaron que te tuviera, siempre llego a mi presente, a contarte esta aventura que es la vida.

Hoy tengo malas noticias. Hoy te ofrezco un país liderado por la derecha que reprime a nuestros estudiantes con balines de pintura para "marcarlos" y reconocerlos. Me parecen prácticas nazis como cuando obligaban a los judíos a llevar la estrella de David para identificarlos. Hoy tenemos a los hermanos Mapuches en huelga de hambre hace 59 día, porque reclaman sus tierras, las tierras de sus ancestros, porque los procesan por Leyes Antiterroristas, porque los discriminan, porque piensan y actúan diferente al rebaño. Hoy se han tomado el poder los Opus Dei, los fascistas, los ex- todo, imagínate!
Y lo peor de todo mamá... es que los hemos dejado. Por creer en los "nuestros" y entregarles la confianza, vendieron este país por un puesto en el Senado y transaron la ideología vestidos con corbatas.

Pero hoy tengo buenas noticias también. Hoy a Diego le han salido sus dientecitos en la encía de abajo y se le suman a lo coqueto de su sonrisa. Es conversador y muy alegre y regalón de la mamá. A Lucas le gusta observar el mundo, investigar cada detalle a su alrededor. Es muy independiente y astuto. Son tus nietos deliciosos que han crecido desde la útlima vez que los viste cuando te acurrucaste en mis sueños para conocerlos. Los estoy criando con amor, con palabras sabias y con paciencia como imagino hiciste tu conmigo y con David el tiempo que pudimos estar juntos. No tienen tus ojos, ni tampoco mi naríz. Pero son míos y son tuyos también, son tan nuestros!

Y estoy construyendo plazas sabes, plazas con juegos para niños, para los niños de Lo Hermida y la Pintana, porque jugar es un derecho!
Y trabajo en un programa para que los peques hagan ejercicios y sean saludables y crean que existen más oportunidades y despierten de su entorno oscuro y tengan ideas, maravillosas ideas.
Y en este país hoy las mujeres saben jugar mejor al fútbol que los hombres, somos campeonas olímpicas sub.15, estamos en el mundial sub-17 y vamos a clasificar con la adulta.
Ya sabías de los contrastes de este país, cuando entendiste que debías luchar por la justicia, por la libertad, por la solidaridad. Lo intentaste a lo grande y fuiste la más valiente y diste tu vida por ello.  Hoy yo lo intento más de a poquito, con la misma fuerza que me legaste, con las manos bien abiertas, con la gente que me quiere, con los hermanos/hijos  y los hijos de ellos y mis hijos. Vamos recordando, vamos enseñando y vamos proyectando. Para que nunca más en Chile mamá... para que nunca más...

Hoy es otro 7... Van 27 años desde que te asesinaron en calle Fuenteovejuna y aún no hay justificación, ni razón, ni justicia para tu muerte. Tenías 31 años y la vida por delante y 2 hijos que te amaban. Hoy en este Chile tan gris me cuesta perdonar al que disparó, al que ayudó, al que delató, al que ordenó. Pero eme aquí firme y tranquila, construyendo a empujones pedazos de arcoiris para traspasar tu lucha, tu humanidad y tu grandeza.
No desacansaremos hasta que todos los criminales paguen, aunque debamos esperar una eternidad.

Me haces falta y te extraño todos los días de mi vida.
Te amo
Ale